¿Practicamos realmente la inclusión social de personas con Autismo?

Pregunta que deberíamos hacernos realmente en el caso de cualquier condición de discapacidad, sea cognitiva, intelectual, sensorial, mental o física. Decidí analizar los diferentes tópicos de cada miércoles de abril con “la inclusión” como pilar, desde una perspectiva más libre y reflexiva, hecho que fue particularmente reforzado el día de hoy, a partir de un breve intercambio respetuoso de opiniones con la madre de un niño con TEA.

Para respondernos esta pregunta, en primer lugar, tenemos la obligación moral y humana de conocer el significado real y práctico del concepto de discapacidad, tomando en cuenta que se estima que más de mil millones de personas alrededor del mundo, viven con algún tipo de discapacidad (y las cifras tienden a ir en aumento), así como también saber realmente qué implica decir “yo incluyo” a una persona con alguna discapacidad.

El concepto de discapacidad ha evolucionado a través del tiempo, siendo evidente en la actualidad, el abandono cada vez mayor de aquella postura por siglos asistencial que ubicaba a la mayoría, como personas dependientes por el simple hecho de tener una condición, no individualizándose su evaluación y funcionalidad (nótese que no dije diagnóstico), concluyéndose lo previo tan solo por el hecho de tener “X” condición ¿El enfoque actual? Por ponerlo de una manera simple: contempla a la persona con discapacidad como un individuo con recursos y habilidades, estas últimas conservadas o que se pueden desarrollar o reforzar si recibe los estímulos apropiados.

Si nos vamos al desglose del concepto genérico de discapacidad, tenemos que implica dificultad, deficiencia o limitaciones en la actividad; restricciones en la participación, aspectos negativos de la interacción y factores personales, ambientales y de salud y no necesariamente incapacidad que es (tristemente) la forma como muchos siglos después   la conciben. Entonces, consideraciones más “contemporáneas” como estas, nos deja claro que la discapacidad no surge de una condición de salud especificar del individuo, sino que es un constructor que resulta de la interacción entre la dificultad humana y el entorno en que se desenvuelve. Esta última premisa deja por sentado el contexto social como factor determinante en la discapacidad de una persona. De esta manera, pasamos hacia una concepción más dinámica del concepto de discapacidad, en la que todo lo que rodea a ese individuo, llámese familia, escuela, infraestructura, con sus omisiones, ausencias, carencias, etc… así como la presencia de prejuicios, estigmas, estereotipos y los nunca ausentes “no me importa porque no me tocó a mí, jugarán un papel FUNDAMENTAL.

Por lo tanto procurar que las personas con discapacidad realicen actividades cotidianas y promover que desempeñen roles similares a los de sus pares sin discapacidad, en TODOS los contextos posibles y REALES, es lo que se conoce como inclusión y está INEVITABLEMENTE “amarrado” a la presencia de normativas y políticas públicas adecuadas a nivel comunitario.

Regresando al segundo párrafo para “saber realmente qué implica decir yo incluyo”, en el amplio contexto de la expresión, pues tiene que ver con el respeto de sus derechos humanos a la participación plena en diferentes actividades socialmente previstas, ya sea como miembro de una familia, amigo, estudiante, trabajador, pareja, paciente, padre, madre y miembro de una comunidad, esto último lo que a su vez implica, el esforzarnos porque tengan acceso a recursos tales como el transporte público, libre desplazamiento, recibir atención médica de calidad, participar en actividades deportivas y de ocio y un largo etcétera.

Creo fielmente que si cada persona, por mucho o poco que parezca, desde su lugar en el mundo y el lugar que ocupa en el mundo de esa persona con alguna condición, sea autismo o cualquier otra, ejerciese su rol de manera responsable y empática, como dice la frase, estaríamos hablando de “convivencia” y no de “inclusión”. Sueño, por ejemplo, con el día en que dejemos de sorprendernos y de presumir las acciones de una persona con autismo “como la primera que…”, “como la que logró hacer…”, etc., y que hablemos simplemente de los logros de Matias o de Maria.

Entonces ¿Sí incluyes a personas con discapacidad?

#30DíasConElAutismo #TEAnimas /Día11/

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