El Estigma en torno a los Trastornos Mentales

Por Trastorno Mental (TM) nos referimos a una condición o enfermedad que se caracteriza por la presencia de una combinación de alteraciones en la percepción, en el curso y contenido de  pensamiento, en las emociones y la conducta, que resulta en fallas en la forma en que los individuos afectados se relacionan a nivel interpersonal y con su entorno. Dentro de estos  se encuentran -por ejemplo- la depresión, los trastornos de ansiedad, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, los trastornos del Neurodesarrollo (discapacidad intelectual, Trastorno del Espectro Autista), entre muchos otros.

Para que se den una idea de la problemática, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente una de cada cuatro personas en el mundo presentará algún trastorno mental a lo largo de su vida, lo que equivale a alrededor de 450 millones de personas a nivel mundial. En la actualidad, 300 millones sufren de depresión; 200 millones de algún trastorno de ansiedad; 60 millones de trastorno bipolar; 21 millones de esquizofrenia y más de 800 mil personas se suicidan cada año. Es precisamente por esto, que se  ha estado trabajando activamente en el mundo para cambiar la forma en que se  percibe la enfermedad mental. Sin embargo, prevalece la ignorancia y el estigma, lo que es preocupante.

Te pregunto ¿Sabes de qué manera puedes aportar tu granito de arena en la difícil labor de desestigmatizar los trastornos y enfermedades mentales? Para empezar, podrías leer esta entrada completa y preguntarte ¿A qué se refiere con estigmadesestigmatizar?

El estigma se percibe como “una marca de vergüenza, deshonra o desaprobación, que resulta en el rechazo, discriminación o exclusión, de un individuo en su participación social plena”. El estigma que sufren las personas que presentan un TM y que deriva -entre muchas otras cosas- del desconocimiento y la difusión de conceptos erróneos, complica el  tratamiento, el proceso de rehabilitación y, en consecuencia, el pronóstico de salud y percepción de calidad de vida de los afectados. Por lo tanto, desestigmatizar, implica remover esa “marca” impuesta, eliminar ese calificativo negativo, pero aceptando que ha sido atribuido de manera errónea y no certera.

A lo largo del tiempo, se ha desarrollado un estereotipo social de las personas con  un TM, ese “conocimiento socialmente aprendido que representa el acuerdo generalizado sobre lo que caracteriza a un determinado grupo”.

En el año 2016, se publicaron los resultados de una encuesta sobre Estigma y Discriminación en Salud Mental llevada a cabo en Cataluña en la cual, los propios pacientes, describieron aquellas características que usualmente las demás personas  les otorgan por el hecho de tener un TM.

1807BD9E-FA15-47B5-8FBC-3D3F8479ECBC

Para empezar, asumir que todos los trastornos mentales son crónicos y que perdurarán “toda la vida”, es una idea falsa. Si bien es cierto que esto puede ocurrir, existen trastornos que pueden aparecer en un momento de la vida y remitir totalmente con el tratamiento apropiado. La atribución de inestabilidad, tiende a considerar que los afectados se encuentran permanentemente en crisis, concepción que no toma en consideración los episodios posibles de estabilidad o que el trastorno, como comenté antes, puede remitir completamente. Por el contrario, considera que presentan una ruptura permanente de la realidad que les rodea o que la realidad percibida está siempre alterada. Esta característica tiene estrecha relación con otras dos ya que, si el individuo está permanentemente en crisis ¿cómo no va a ser impredecible o hasta peligroso? Esto quiere decir que de forma inesperada y sin previo aviso, podrían presentar conductas socialmente inapropiadas, que -inclusive- podrían poner en riesgo la integridad de otras personas en un momento dado. Esta aseveración guarda de manera implícita que las reacciones que pudiesen tener las personas con TM, no siguen ningún patrón, no se pueden anticipar y son siempre inesperadas, lo que dista totalmente de la realidad y descripción clínica (más que reconocida) del patrón comportamental de ciertos trastornos. El rasgo de fragilidad, prácticamente les exonera de la capacidad de mantener cualquier grado de equilibrio; que aunque aparenten estar “compensados”, cualquier cosa podría derrumbarlos. Sumado a lo previo, existe también la tendencia a pensar que los afectados, viven en una realidad desordenada y caótica, que conlleva el riesgo de sucumbir a “ese mundo” y desarrollar también el trastorno, como si se pudiese contagiar. La falacia de la causa única, es también otro gran problema, que implica que el TM es el principio que explica todos los aspectos de la persona.

En contraste, también existen los estereotipos de rasgos positivos, como es el caso de la genialidad que les atribuye automáticamente capacidades creativas y cognitivas superiores a las del resto de la población, al mismo tiempo que devalúa o anula el malestar propio que el TM es capaz de provocar.

A continuación, es importante describir brevemente los tipos, la realidad y el impacto que el estigma tiene en los diferentes entornos:

  1. Familiar: La familia puede recluirse socialmente como estrategia para evitar el estigma y la discriminación, lo que reduce drásticamente su participación en actividades sociales. Esta reclusión social, suele responder a sentimientos de culpa y/o vergüenza ante el TM. Así mismo, la mitad de los pacientes, reconocen haber sufrido devaluación, rechazo, sobreprotección y control, por parte de un miembro de su propia familia.
  2. Educativo: Puede surgir en los docentes miedo, inseguridad, dudas y la percepción de que es una carga añadida la labor de enseñar a alumnos con TM en el aula. Por parte del alumnado, sufren de repudio y todo tipo de violencia, lo que ahora conocemos como “bullying”. Cuando se conoce el diagnóstico en el entorno educativo, la persona con un TM  suele retraerse (como mecanismo de defensa) ante la incomprensión y la discriminación sufrida y hasta abandonar los estudios o cambiar de Centro Educativo.
  3. Laboral: El ocultamiento es la principal estrategia para hacer frente al estigma y la discriminación. Por lo general, las personas con TM tienen menos oportunidades de ser contratadas; mayor probabilidad de ser tratadas injustamente (como anticipar que van a ser menos productivos, eficientes y conflictivas); y mayor riesgo de despido.
  4. Sanitario: Múltiples investigaciones han demostrado que, tanto el estereotipo negativo que existe (que no es muy diferente de aquel que prevalece en la sociedad en general), como el desconocimiento sobre los signos y síntomas característicos de un TM, interfieren con la calidad de la atención y el abordaje que reciben por parte de los profesionales e instituciones de salud, lo que lleva en ocasiones a que el personal atribuya síntomas propios de un malestar físico,  como secundarios al TM.
  5. Social: Suele reducir la red social de apoyo y conducirlos a un aislamiento, en ocasiones, mucho peor que aquel derivado propiamente del TM. Esto se debe, en parte, a que son comunes las reacciones de rechazo y el alejamiento por parte del grupo de amistades. Son vulnerables a sufrir burlas, insultos, coacción, menosprecio y violencia (física y sexual) a lo largo de la vida, lo que los lleva a que eviten buscar y establecer nuevas relaciones para no sentirse rechazados o agredidos nuevamente.
  6. Ejecutivo/Legislativo: El estigma también afecta a quienes promulgan leyes o normativas, lo cual tiene importantes repercusiones para las personas con TM, en relación al ejercicio de sus derechos humanos inherentes.

Cabe en este punto hacer mención especial sobre la influencia que los medios de comunicación tienen en esta problemática. Estos suelen representar la enfermedad mental de manera negativa, casi monstruosa, responsabilizando de los delitos y hechos violentos a los afectados.

Todo lo previamente descrito, contribuye en el desarrollo y perpetúa el estigma, incluyendo el más complejo e incisivo de todos: el autoestigma. La autoestima y desconfianza que el individuo tiene sobre sí mismo, va gradualmente creciendo, lo que obstaculiza la búsqueda de ayuda (se estima que cerca del 70% no reciben un tratamiento profesional adecuado); promueve el mal apego al tratamiento; provoca vergüenza; genera pesimismo sobre la recuperación; impacta de manera importante su percepción de calidad de vida.

Los trastornos mentales son un problema de salud pública  que representan el 30% de los problemas de salud no transmisibles según la OMS. Como ya mencioné, el estigma  entorpece la búsqueda de atención pese a que se dispone de tratamientos eficaces. ¿Qué podemos hacer entonces para desestigmatizarlos?

Para favorecer una mayor inclusión social de personas con trastornos mentales, la primera idea que surge es la importancia de contar con medidas transversales que involucren, simultáneamente, actividades a nivel legislativo, social, familiar e individual, para crear una sinergia entre todos los protagonistas. Tomando en consideración que los afectados consideran que existe un gran desconocimiento sobre los trastornos mentales en todos los ámbitos (como ya vimos) todas las acciones dirigidas a hablar y comprender sobre estos y sobre la salud mental en general, son invaluables.

Optimizar los recursos para la atención de los TM con canales informativos que otorguen a  la población datos certeros que incluyan, la promoción de las habilidades, competencias y capacidad de rehabilitación, autonomía e independencia, asegurándose que los mensajes lleguen a sus destinatarios de manera correcta. Además del poder que tiene la sociedad civil y profesionales de la salud mental para emprender  estrategias de este tipo, en diversos países se han publicado guías para orientar a los periodistas sobre cómo informar sobre la salud mental, comprendiendo que los medios de comunicación son capaces tanto de reforzar el estigma como de contribuir a eliminarlo.

En esta misma línea, las campañas de concienciación contra el estigma han demostrado ser una herramienta práctica y cómoda para la divulgación relacionada con los trastornos mentales y la importancia de buscar ayuda. La evidencia más sugestiva hasta ahora proviene de una campaña llevada a cabo por la “Alianza contra la Depresión de Nuremberg”. Esta es una intervención educativa comunitaria que promueve tres mensajes claves: el primero, que la depresión puede ser tratada; el segundo, que la depresión tiene muchas caras; y por último, que la depresión puede afectar a cualquier persona. La campaña se asoció con una reducción significativa en el número de actos suicidas asociados a depresión. Estos tres simples puntos se pueden generalizar en campañas específicas para cada TM, invirtiendo también tiempo en la difusión de las características clínicas  específicas que cada trastorno tiene.

Igual de importantes son los programas creados para  reforzar los recursos personales de las persona con TM, ya que han demostrado que aumentan la autoestima y brindan mayor control a sus vidas. Dichos programas deben ser desarrollados tanto por profesionales como por ex-pacientes del sistema de salud, debido a que esto establece una relación más equitativa profesional-paciente en la que los segundos tienen un rol más activo en los planes de atención sanitaria y pueden exigir y ejercer mejor sus derechos.

Otras acciones incluyen el dejar de utilizar los nombres de trastornos mentales como calificativos negativos, a manera de burla o insulto; empezar a hablar, pero sin temor, sobre aquellos temas “fuertes” pero serios, por ejemplo, sobre el suicidio; ser compasivos y respetuosos hacia los demás y hacia la “lucha” personal que cada quien lleva; acercarse y aprender de la experiencia escuchando directamente a personas afectadas y así convertirte en un agente de cambio.

 ¿Qué te parece si empiezas hoy mismo?

 

Referencias:
  1. Henderson, Claire y cols. Relationships between anti-stigma programme awareness, disclosure comfort and intended help-seeking regarding a mental health problem. British Journal of Psychiatry, 211 (5):316-322. 2017.
  2. Chang S, Ong HL, Seow E, et al. Stigma towards mental illness among medical and nursing students in Singapore: a cross- sectional study. BMJ Open. 2017.
  3. El Estigma y la Discriminación en Salud Mental en Cataluña. España, 2016.
  4. Sánchez Castillo, M. y Collado Boira, E. Estigma en los Profesionales de la Salud Mental. Universitat Jaume. España, 2016.
  5. Mascayano Tapia, F. Estigma hacia los trastornos mentales: características e intervenciones, Salud Mental, Vol. 38, No. 1. 2015.
  6. Salud mental e inclusión social. Situación actual y recomendaciones contra el estigma (estudio). Confederación Salud Mental España. 2015.
  7. Muñoz, M. y cols. Estigma y enfermedad mental. Análisis del rechazo social que sufren las personas con enfermedad mental. Editorial Complutense. 2009.
  8. López, M. y cols. La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, Vol. XXVIII, No. 101, págs: 43-83. 2008.
  9. Arnaiz, A. y Uriarte, J. Estigma y Enfermedad Mental. Salud Mental, No. 26, págs: 49-59. 2006.

 

¿Habías oído hablar de las drogas auditivas?

El otro día recibí el siguiente video a través de una red social:

Fue publicado por primera vez en YouTube hace siete años y cuenta con casi 49 mil reproducciones. En este se puede leer al principio: “Cambian consumo de drogas; ahora, entran por los oídos”, antes de describir la técnica apropiada para escuchar estas nuevas “drogas auditivas” y cerrar con una secuencia de cortos con imágenes de los efectos en los jóvenes que las utilizan y breves entrevistas durante las cuales describen las ventajas, consecuencias y riesgos percibidos de las mismas. Tras la promesa de que van a obtener los mismos efectos que las drogas reales -continúa indicando el relator- pueden descargar archivos de sonido en sus diferentes dispositivos electrónicos, de páginas como www.sound-drugs.com y www.i-doser.com, entre muchas otras existentes en la web.

El mensaje es simple: las drogas auditivas tienen la capacidad de alterar tus ondas cerebrales y hacer que te sientas drogado. Por lo tanto, me di a la tarea de investigar más profundamente ya que, si bien es cierto que no es un tema “nuevo”,  sí es novedoso en nuestro país y ya empieza a circular información que, seguramente, generará preocupación en más de una persona.

Después de explorar diferentes páginas, decidí enfocarme precisamente en la que previamente mencioné (www.i-doser.com), motivada por su pegadizo eslogan: “For Every Imaginable Mood” (“Para Cualquier Humor Imaginable”). Tras una breve introducción en su página de inicio en la que se describen como “El proveedor líder de software y dosis de ondas cerebrales artesanales, cuyos productos son utilizados por millones de personas en todo el mundo para ayudarlos a lograr un estado de ánimo o experiencia simulada”, despliegan múltiples enlaces para acceder a paquetes de productos, que puedes descargar en tu Teléfono Celular,  Tableta, Computadora, Laptop, Audio MP3, así­ como la posibilidad de conseguir “Dosis  Personalizadas” o su “Nueva Colección Elite”. Al pulsar descargar en la opción de “Audio MP3”, aparecen 40 paquetes diferentes a un precio -con descuento- de US 8.48 c/u (precio original US 16.95).

 A continuaciòn, algunos ejemplos y forma en la que promocionan estos paquetes:

1. Prescription Doses (Dosis de Prescripción) 1, 2 y 3: incluye simuladores de benzodiazepinas  y analgésicos potentes derivados del opio, para experimentar (1) “sedación, euforia, calma e intenso embotamiento”; (2) “euforia, calma increíble y un sueño profundo”; (3) y “un viaje psicoactivo, una sesión hipnótica, sedación y entumecimiento”. Agregan al final, que estos paquetes son “un gran esfuerzo para simular recetas populares.”

2. Recreational Doses (Dosis Recreativas) 1, 2 y 3: incluye simuladores de peyote, marihuana, opio, cocaína, ayahuasca, etc., para experimentar (1) “una relajación y sedación extremadamente altas y profundas, y resultados fuera de este mundo”; (2) “un viaje visual, veloz y las buenas vibraciones y poder de la fiesta”; (3) y “un viaje espiritual de conocimiento del ego, logros poderosos y la sensación de sobredosis”. Una vez más agregan al final, que esta es una de las colecciones más vendidas, así que “vengan a dar un paseo”.

3. Digital Drug Pack (Paquete de Drogas Digitales): incluye simuladores de marihuana, éxtasis, LSD y Ayahuasca “refinadas”, en “dosis puras, complemento perfecto para cualquier fin de semana, salir de noche con amigos o, simplemente, para vivir una experiencia personal en el hogar” la cual, si es la primera, recomiendan sea “en compañía” por poder ser demasiado intensa.

4. Legal Highs (Máximos Legales): incluye “simulaciones recreativas de las sustancias artificiales más poderosas y peligrosas del mundo como Spice y K2 (dos formas de marihuana sintética), Salvia Divinorum y Benzo Fury.”

5. Dangerous Doses (Dosis Peligrosas): incluye simulaciones de drogas que son derivados de anfetaminas, marihuana concentrada, opio y benzodiazepinas “para dosificadores que desean probar algo fuera de lo normal, con resultados potentes e intensos como nunca antes”. Agregan que son simulaciones intensas que superarán cualquier límite.”

Esta página, como todas las que encontré que ofertan “drogas auditivas”, despliega una leyenda de seguridad que indica que “las dosis de ondas cerebrales utilizan un audio potente que puede afectar la capacidad” (no especifican cual o de qué), por lo que recomiendan su uso “solamente como entretenimiento” y “bajo su propio riesgo”.

En contraste, también comercializan paquetes para sesiones de meditación, sonidos para sanar el cuerpo (conocidos como Sound Baths o Baños de Sonidos), para vivir experiencias espirituales intensas y para el rendimiento sexual, entre otros.

Entrando, ahora sí, a la parte esencial del asunto ¿A qué se refieren con dosis de ondas cerebrales?

Por estas se refieren a los Binaural Beats o Pulsos Binaurales (PB), descritos como “sonidos que producen un estímulo o sincronización del cerebro humano y que resulta cuando se combinan dos ondas de baja frecuencia (una diferente para cada oído, menores de 1,500 Hertz y con una diferencia menor a los 35 Hertz entre ellas) a través de auriculares tipo estéreo lo que, en consecuencia, provoca una frecuencia fantasmal o ilusión auditiva. Dicho de otra manera, los sonidos de baja frecuencia, cuando estos son ligeramente diferentes y por separado en cada oido, se perciben como si estuviesen mezclados de forma natural y el cerebro los interpreta como uno solo.

El primer registro que existe sobre la descripción de los PB data de 1839 cuando Heinrich Wilhelm Dove (1803-1879), un físico y meteorólogo de la entonces Prusia, descubrió la técnica de escucha binaural, donde diferentes frecuencias sonando separadamente en cada oído, producen la sensación de un tono de igual interferencia al que se percibiría si fuera creado físicamente. Sus pruebas preliminares, proponían que estos eran capaces de inducir estados de relajación en los sujetos de estudio. Años más tarde (1973), el biofísica Dr. Gerald Oster propondría algunos cambios y limitaciones de la técnica, manteniéndose mayormente su uso en centros de meditación o de terapias alternativas.  Los avances de la tecnología (sobre todo la aparición del internet), ayudaron a que se extendieran los conocimientos y la poca información disponible comenzó a llegar cada vez a más personas, lo que se reflejó en un interés creciente y la adopción de su uso en hospitales y clínicas, mismas que empezaron a realizar investigaciones para establecer sus beneficios terapéuticos, las que no han cesado al día de hoy.

Dentro de los estudios que que se han llevado a cabo, están aquellos que sugieren que pueden modular funciones autónomas tales como la frecuencia cardíaca, presión arterial, respuesta electrodermal, la temperatura de los dedos y el ciclo sueño/vigilia. Por otro lado, hay otros que han establecido el impacto sobre el rendimiento y el estado de ánimo; el nivel de relajación mental y física; los niveles de atención y memoria; la depresión y la ansiedad generalizada; el estrés preoperatorio y las necesidades de anestesia intraoperatoria. Sin embargo, la mayoría de estos, no han utilizado los PB solamente, sino una combinación de estos con música, sonidos naturales y guía verbal y , aquellos que han utilizado los PB como única técnica, han fallado en la cantidad y calidad de la muestra estudiada. Los resultados han sido también polémicos y debatibles, debido a que otros factores tales como la frecuencia utilizada, la duración de la exposición, el procedimiento llevado a cabo para el registro de la actividad cerebral, entre otros, son inconsistentes entre los estudios y, por ende, no pueden concluirse sus beneficios objetivamente.

 ¿Pueden entonces los Pulsos Binaurales tener efectos similares a las drogas?

Basándonos en la evidencia existente, los PB no pueden producir tal alteración del estado de conciencia.  No existe ninguna investigación que confirme que funcionen más allá del efecto placebo, o sea, que si quien utiliza las “drogas auditivas” está convencido de que obtendrá tal efecto, pues así será. De esta manera lo afirma el Dr. Steven Novella, neurólogo de la universidad de Yale. Agrega que los  defensores de esta técnica “argumentan que alteran las ondas cerebrales, lo que podría ser cierto (en un sentido trivial) debido a que, al experimentar un estímulo sensorial, las ondas cerebrales se alteran pero solo como parte del funcionamiento normal”.  En otras palabras, concluye, “esto es solo procesamiento y percepción cerebral normal, nada mágico o especial.” Esto me deja pensando ¿Otra pseudociencia más? ¿Otro brillante y lucrativo método de estafa? Para mí, ambos.

La juventud es una etapa de crisis, un periodo durante el cual la mayoría de los seres humanos, somos altamente sugestionables y, por ende, vulnerables. Cobra total sentido el posible efecto placebo descrito por el Dr. Novella  como causal de reacciones tan intensas en los jóvenes, así  como también en adultos con cierto patrón de personalidad. Volviendo a los jóvenes, quisiera terminar esta entrada expresando lo que, a mi juicio, es realmente lo preocupante y lo que debería también preocupar a quienes son parte de la vida de quien opte por este tipo de “entretenimiento”. No me refiero a los efectos de los PB sobre el cerebro que, como ya describí, no goza de sustento científico; tampoco a la posibilidad de que el consumo de  “drogas auditivas” sea la antesala para el consumo de verdaderas drogas en el futuro (esto tampoco tiene respaldo científico). A lo que me refiero es ¿En qué época estamos viviendo que los jóvenes decidan gastar su dinero, independientemente de cómo lo obtengan o cuánto tengan, comprando archivos en internet para saber qué se siente estar “intoxicado por cocaína”, “tener un viaje psicoactivo”, probar “las sustancias más poderosas y peligrosas del mundo” y, la peor de todas a mi juicio, para “experimentar una sobredosis”.

Los invito a reflexionar…

————-

Referencias:
1. Video: https://youtu.be/6X3vVf46POo
2. http://www.i-doser.com
3. http://www.sonidosbinaurales.com/historia-de-los-sonidos-binaurales/
4. Jirakittayakorn, N. and Wongsawat, Y. Brain Responses to a 6-Hz Binaural Beat: Effects on General Theta Rhythm and Frontal Midline Theta Activity. Frontiers Neuroscience, 11:365. Thailand, 2017.
5. Steven Novella. Digital Drugs Do Not Cure Stupidity. Neurologica Blog, 2010. Consultado en lìnea en la pàgina: http://www.theness.com el 14 de enero de 2018.
6. McConnell, P. y cols. Auditory driving of the autonomic nervous system: Listening to theta-frequency binaural beats post-exercise increases parasympathetic activation and sympathetic withdrawal. Frontiers in Psychology, Volumen 5, Art. 1248. 2014.

El Fenómeno Homicidio-Suicidio

Pasadas las siete de la mañana del día de ayer, me desayuné la siguiente noticia: “Asesinan a una mujer en Bella Vista”. El texto de la noticia en línea continuaba detallando cómo su vida había sido arrebatada a tiros por su pareja, un sargento del  Servicio de Protección Institucional, que fallecería poco tiempo después en un hospital de la localidad tras propinarse un tiro. He aquí la crónica del primer homicidio – suicidio del año 2018.

La definición del fenómeno de homicidio – suicidio ha sido descrita en la literatura forense como un evento en el cual una persona quita la vida de otra persona cometiendo homicidio y luego se suicida; el tiempo que transcurre entre el homicidio de la víctima y el suicidio del perpetrador se extiende desde menos de un día, incluso minutos, hasta tres meses (Marzuk, 1992).

Se puede clasificar de acuerdo con la relación existente entre la víctima y el victimario. El tipo esposa – consorte, está caracterizado por el homicidio de un compañero íntimo y el posterior suicidio del perpetrador, siendo el subtipo posesivo el más frecuente . Este consiste en el homicidio de la esposa, amante o compañero íntimo. El agresor es típicamente un hombre y la victima una mujer y situaciones tales como el hecho de que el hombre sufre rechazo por parte de su compañera o su esposa; que la mujer dirija su afecto hacia otro hombre, lo expulse del hogar o inicie un proceso de separación o divorcio, forman parte del contexto que motiva al perpetrador a cometer ambos hechos, estresado finalmente por la posibilidad de pérdida de la persona que -a su juicio- posee.

Existen pocas investigaciones publicadas sobre este fenómeno. Sin embargo, apenas este mes, se publicaron los resultados de un estudio llevado a cabo en el condado de Cuyahoga, Ohio (EEUU), en el que se recabó durante 25 años (de 1991 a 2016) información general clínica proveniente de  los archivos médicos de personas involucradas en este tipo de actos ¿Cuáles fueron los resultados? Consistentes con  estudios previos: la mayoría de las víctimas eran mujeres; los perpetradores eran “abrumadoramente masculinos”; y la forma de cometer ambos actos fue a través del uso de armas de fuego.

Otras variables estudiadas han sido el rango de edad del perpetrador, en la mayoría de los casos, ubicado entre los 35 y los 39 años; la edad de la víctima entre los 25-29 años; el estado civil del perpetrador es “casado” en el 31% de los casos, seguido por “unión libre” en el 26%. La ocupación del perpetrador, constituye un factor capaz de influir en la decisión de qué método elegir para ejecutar el acto y que además permiten relacionarlo con un entorno de riesgo y/o violento. Aquellas ocupaciones con acceso a armas sobre todo policías, jefe de armamento y fuerzas armadas, se ha determinado se asocian hasta en un 32% (Coello, 2014). Aunado a lo previamente descrito, en un número considerable de casos, existía el antecedente de abuso de alcohol y violencia doméstica por parte del victimario y describen los conflictos de pareja, sobre todo “los celos”, como un importante factor de motivación en muchos casos.

Los celos no son novedad en la dinámica de las relaciones humanas. Sin embargo, no fue  hasta la década de los 70’s que la psicología empezó a interesarse en su estudio. Dependiendo de la perspectiva con que  los veamos, podría empezar evocando los simples “celos infantiles fraternales” descritos por Freud, que surgen como consecuencia de la competencia propia entre los hermanos por los cuidados de la madre; pasando por la definición de Clanton (1998) quien consideraba desde entonces los celos como una emoción negativa que enmascara temor a la pérdida, entre muchas otras emociones como ira, ansiedad, etc;  hasta una definición un poco más reciente y a tono (Montalvo, 2001) que los describe como “un sentimiento o emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva y cuya base es la infidelidad, real o imaginaria”.

De ahí en adelante, se procedió a establecer la diferencia entre los celos no patológicos, de aquellos que sí lo son. Los primeros se consideran cuando la reacción es transitoria, se asocia puntualmente a miedo y el individuo no pierde el contacto con la realidad. En contraste, se concluye que son patológicos cuando quien los presenta, desarrolla distorsiones cognitivas (o sea, alteraciones en el contenido del pensamiento) en ausencia de una causa real que los desencadene; experimenta una reacción fisiológica que se traduce en ansiedad, hipervigilancia, comprobaciones y otras molestias físicas y, finalmente, por la presencia de conductas de control hacia la pareja que podrían terminar en graves actos de violencia. A los celos patológicos se les denomina celotipia.

Clasificada dentro del grupo de trastornos psicóticos de tipo delirante según el Manual Diagnósticos y Estadístico de Trastornos Mentales en su 5ta. Edición (DSM-5), el trastorno delirante tipo celotípico aplica cuando el tema central del delirio del individuo es que su cónyuge o pareja le es infiel, pudiendo existir alucinaciones congruentes con el tema delirante (auditivas y visuales sobre todo), en ausencia de un comportamiento cotidiano extravagante o extraño y de un deterioro considerable de su funcionamiento como en el caso, por ejemplo, de la Esquizofrenia.

Si bien es cierto que se ha determinado cómo contribuyen ciertas variables en el desarrollo de este trastorno (la edad, baja autoestima, infidelidad previa, etc.) los avances científicos han ayudado a reconocer qué  es lo que sucede tanto en el cerebro como a nivel sistèmico en una persona celotípica. En resumen, se ha podido concluir, que alteraciones en la corteza prefrontal (principalmente) y el sistema límbico, ademas de la instalaciòn de la actividad hormonal,  son factores asociados y que contribuyen con la aparición y escalada clínica característica: desconfianza, confusión, hostilidad, discusiones, primeros conflictos de agresión, ansiedad excesiva,   síntomas somáticos (cardiovasculares, hiperglicemia, taquicardia, insomnio, etc.), fracaso en la autorregulación emocional, reacciones emocionales excesivas incongruentes con el estímulo, pobre capacidad de razonamiento, fallas en el juicio de la realidad, mala toma de decisiones y mal control de impulsos, exteriorizándose esto último, en todas las formas de violencia posibles, incluyendo el homicidio.

Acto seguido, se decide el suicidio, lesión autoinfligida intencional de una persona incapaz, en ese momento, de dominar una situación percibida como insoportable y que convencida de que no existe otra salida, planea y ejecuta una auto lesión de desenlace fatal. En la mayoría de los casos de homicidio- suicidio se puede determinar la presencia, no solo de celotipia en el perpetrador, sino también de depresión. Este último cuadro psicopatológico llega a tener criterios de severidad que constituyen un factor importante en la tendencia suicida de los perpetradores.

En este punto, no deja de resonar en mi mente la expresión “psiquiatrización del crimen”, crítica  frecuente por parte del movimiento antipsiquiatría el cual manifiesta que, inmediatamente después de la difusión de un crimen como este a través de los medios de comunicación masiva, suele aparecer un psicólogo o un psiquiatra para otorgar el calificativo de “trastorno mental” al acto, de hecho, de esta forma podría ser interpretado mi escrito.

Sin embargo, pese a que se tiene la idea preconcebida que toda persona que tiene un trastorno mental y comete un delito es inimputable, esto no dista más de la realidad. La agresividad humana asociada a  psicopatología, no necesariamente lo libera de responsabilidad penal siempre y cuando, en primer lugar, se compruebe intencionalidad del acto, o sea, la búsqueda deliberada por parte del agresor de perjudicar, dañar o agredir a otro; en segundo lugar, si la víctima expresa o expresaba sentimientos de estar siendo agredido; y por último, la expresión por parte del observador (testigo), abogando a su juicio crítico, de que el hecho evidenciado fue nocivo e intencional.

El impacto psicosocial que este tipo de muertes genera en la sociedad y en las familias involucradas, implica una mayor afectación en comparación con la que producen el homicidio o el suicidio, cuando se presentan individualmente. Como todo problema de salud pública, es importante diseñar estudios que analicen la correlación de múltiples variables en miras a proveer herramientas que permitan diseñar estrategias de prevención.

_____________
Referencias:
1. Regoeczi, W. C. and Gilson, T. Homicide–Suicide in Cuyahoga County, Ohio, 1991–2016. Journal of Forensic Sciences. 2018.
2. Aranda Rubio, E. y colaboradores. Protocolo-Guía  de Evaluación para Casos de Dependencia Emocional. Universidad Autónoma de Madrid. Versión digital consultada el 10 de enero de 2018.
3. Javier Esteban Coello Hidalgo. Caracterización epidemiológica de las muertes por el fenómeno de homicidio – suicidio en Bogotá entre los años 2007 a 2012. Departamento de Patología, Facultad de Medicina, Universidad de Colombia. 2014.
4. Manual Diagnòstico y Estadìstico de los Trastornos Mentales. American Psychiatric Association. 2014.
5. Dr. Eduardo Calixto. Celotipia y Cerebro. Neurociencias en la Vida Cotidiana. 2015. Versiòn digital consultada en lìnea el 10 de enero de 2018.
6. Dubugras, S. Homicide Followed by Suicide. Facultad de de Psicología. Pontifícia Universidad Católica do Rio Grande. Brasil. 2007.