Trastornos de la Conducta Alimentaria Frecuentes

La presencia de un patrón de ingesta de alimentos no saludable es más frecuente de lo que pensamos. Es más, es probable que hayamos presentado alguno de estos trastornos-no necesariamente en su forma más grave- y no nos hayamos dado cuenta, sobre todo, porque aquellos cuadros “puros” o más conocidos son los menos frecuentes. Con esto me refiero a que podemos tener un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) específico como tal o anomalías del apetito y del peso dentro del contexto de otro trastorno psiquiátrico. La probabilidad de presentar un TCA específico a lo largo de la vida es alrededor del 3%.

¿QUÉ ES UN TRASTORNO DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA?

Cuando hablamos de TCA nos referimos a la presencia de comportamientos anormales relativos al acto de consumo de alimentos, los cuales están presentes durante un periodo  de tiempo mínimo de tres meses. La connotación de “trastorno” indica que evoluciona de manera crónica y degenerativa e incide en la funcionalidad de la persona afectada a nivel personal (físico y mental), familiar, escolar/laborar y social.

¿POR QUÉ OCURREN?

Como en la mayoría de las condiciones (psiquiátricas o no) es necesaria, más no suficiente, la presencia de una predisposición genética. Sobre esta predisposición, reposan factores de riesgo relacionados con el género (predominio mayor en las mujeres, aunque cada vez es más frecuente en varones); el modelo de crianza; etapa de la vida (más frecuente en la adolescencia y adultez temprana); patrón de comportamiento familiar; recursos emocionales individuales de afrontamiento; estructura de personalidad; antecedente de situaciones estresantes o estrés derivado de la presión y exigencias sociales, entre otros.  Es así que, por ejemplo, una mujer criada por padres controladores, en un entorno perfeccionista y competitivo, expuesta a señalamientos o críticas de su imagen corporal por parte de familiares o demás personas que le rodean, con un patrón inestable de personal, tendiente a que su amor propio o concepto de sí misma dependa precisamente de esa imagen corporal o de la opinión de los demás sobre su persona, tendrá mayor riesgo de desarrollar un TCA.

En el caso de las anomalías del apetito y el peso secundarias a otra condición psiquiátrica, los síntomas y signos frecuentes están más condicionados por la emoción involucrada, como en el caso de la depresión y los trastornos de ansiedad… o a trastornos mentales en los que, además de la emoción, puede existir una idea distorsionada o “bizarra” de la realidad, como es el caso de los trastornos en los que se está convencido de que se padece una enfermedad médica físicamente no controlable. Finalmente, existen otras anomalías del apetito y del peso secundarias al consumo de sustancias y en personas con esquizofrenia, por mencionar algunos.

En esta ocasión abordaré tres TCA específicos por ser los más conocidos y frecuentes, con el objetivo de promover el mejor reconocimiento de cada uno de ellos. Estos son: la Anorexia y la Bulimia Nerviosa y el Trastorno por Atracones.

TRASTORNOS ESPECÍFICOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

a. ANOREXIA NERVIOSA (AN)

Existe la concepción errónea de que aquella persona que restringe el consumo de alimentos  y que, en consecuencia pierde peso, tiene anorexia. Este trastorno va más allá de la simple decisión voluntaria de “dejar de comer”, pues existe un proceso de pensamiento más complejo de base, así como otras conductas diferentes a las restrictivas que pueden estar presentes e impactar de manera grave la salud física y hasta provocar la muerte. De hecho, en la actualidad existe evidencia que ubica a la anorexia nerviosa como el trastorno psiquiátrico más letal. Volviendo a las características que definen la AN tenemos: 

  • Distorsión de la autoimagen. La persona se mira en el espejo y realmente se ve con peso excesivo u obesa.
  • Preocupación excesiva o temor a ganar peso y ser obeso. Esta sola idea genera malestar emocional importante, mismo que precede  la adopción de conductas dirigidas a perder o no ganar peso.
  • Conductas restrictivas y purgativas. La restricción de alimentos es la forma más frecuente de anorexia nerviosa. Sin embargo, existen personas con este trastorno que recurren a conductas purgativas como el uso de laxantes, enemas, diuréticos y/o ejercicio excesivo como medida compensatoria tras haber “perdido el control” e ingerir grandes porciones de alimento.
  • Pérdida marcada de peso. Esta es el objetivo de las conductas patológicas adoptadas. Lo severo de la pérdida de peso se evalúa tomando en cuenta el índice de masa corporal (IMC). Esta es una medida que resulta de la asociación entre el peso y la talla, cualquier valor por debajo de 18,  es considerado un problema leve, moderado, grave o extremo de peso.

b. BULIMIA NERVIOSA (BN)

Más frecuente que la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa se caracteriza por la presencia de conductas purgativas –como las antes mencionadas- para evitar la ganancia de peso tras la ingesta compulsiva de alimentos. Las porciones de comida suelen ser excesivas en cantidad hasta el punto que la persona se siente incómodamente llena. La ingesta de alimentos ocurre de manera “descontrolada” en un periodo corto de tiempo, lo que genera  remordimiento y vergüenza, motivo por el cual prefieren comer solos o a escondidas. Esta última descripción corresponde a lo que se conoce como un “atracón” y la presencia de este patrón al menos una vez a la semana durante mínimo tres meses, ya se considera disfuncional. Entonces ¿cuál es la diferencia entre esta y la anorexia? Aparte de la ausencia de conductas restrictivas, la gran diferencia radica en que las personas con BN no tienen distorsión de la autoimagen, esto quiere decir, que perciben su peso tal cual en el espejo, mismo que puede ser el esperado para la talla o apenas un leve sobrepeso. Al igual que en la anorexia nerviosa, la autoevaluación o concepto de sí mismo también está ligado al peso, por lo que se sienten mejor entre menos pesen o más peso pierdan. Los casos extremos de bulimia nerviosa presentan 14 o más episodios de conductas compulsivas/purgativas a la semana.

c. TRASTORNO DE ATRACONES

Por sí mismos, los atracones son considerados un TCA. Irónicamente, es el más frecuente de todos y menos reconocido como tal. La gran diferencia entre este y la bulimia nerviosa, es la ausencia de conductas purgativas compensatorias tras el atracón, por lo que la mayoría de las personas que lo presentan, suelen tener sobrepeso o ser obesas. La asociación con problemas emocionales es más evidente en este caso, siendo precedidos los atracones en la mayoría de los casos, por situaciones que generan ansiedad y tristeza, predominando la selección de alimentos de alto contenido calórico como azúcares y grasas.

Paralelo a todos los problemas psíquicos, emocionales y conductuales que forman parte de los TCA, los problemas de salud física se presentan en todos los casos. Pueden existir complicaciones gastrointestinales como estreñimiento, lesiones de la mucosa del tubo digestivo secundarias a reflujo y/o vómito; desnutrición y sus consecuencias como anemia crónica, disminución de la densidad ósea y osteoporosis a edades tempranas; piel áspera, cabello seco y quebradizo, con caída del mismo; pérdida de piezas dentales; problemas menstruales; atrofia y debilidad muscular; presión arterial alta o baja; diabetes mellitus; síndrome metabólico; arritmias cardíacas; deshidratación severa con falla renal; ruptura del esófago o estómago; pancreatitis y hasta la muerte.

¿QUÉ HACER?

En el caso de reconocer en uno mismo o en otra persona la presencia de conductas sugerentes de alguno de los TCA mencionados, debemos recomendar o buscar ayuda médico-psiquiátrica. Esta tiene el objetivo de:

  • Evaluar los aspectos psíquicos que pudiesen estar involucrados en el desarrollo del problema.
  • Integrar la presencia de otro trastorno psiquiátrico que predisponga o contribuya en el desarrollo del TCA (por ejemplo depresión, ansiedad, etc).
  • Evaluar la salud de manera integral y establecer si existe la necesidad de brindar tratamiento a nivel hospitalario.
  • Iniciar tratamiento médico, psiquiátrico y nutricional específico y supervisado.
  • iniciar tratamiento psicológico y psicoterapéutico individual y/o grupal.
  • Psicoeducar sobre el trastorno al paciente y a la familia.

 

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