Lo que nadie te dice sobre las alertas del desarrollo en el autismo/TEA

El autismo/TEA suele vincularse con la ausencia de ciertas conductas esperadas para la edad: no hablar, no mirar a los ojos, no jugar con otros niños, no señalar objetos, no responder al nombre. Esta percepción ha sido reforzada durante décadas por los manuales diagnósticos, los checklists de desarrollo y las campañas de detección temprana.

Sin embargo, esta narrativa, aunque basada en hechos reales, es incompleta y a veces engañosa. Porque la verdadera complejidad del desarrollo humano no se manifiesta solamente en lo que “falta”, sino también en lo que aparece antes de tiempo, de forma inusual o inesperada.

En el caso del autismo, las señales de alerta no solo están en lo que un niño o niña no hace, sino también en lo que hace demasiado pronto, con una cualidad atípica, o de una forma que no se ajusta a su edad ni al contexto evolutivo.

Esta afirmación, aparentemente simple, tiene implicancias profundas. En esta entrada vamos a recorrer qué significa científicamente, por qué es necesario difundirlo, y cómo puede ayudarnos a construir entornos más preparados para acompañar a niños y niñas desde sus primeros años de vida.

¿Qué entendemos por señales de alerta del desarrollo?

Las señales de alerta del desarrollo son indicadores que nos hacen sospechar que un niño o niña podría estar transitando un camino atípico en una o varias áreas de su desarrollo: comunicación, lenguaje, motricidad, interacción social, juego, conducta adaptativa, entre otras.

Estas señales pueden presentarse como:

  • La ausencia o retraso en la adquisición de hitos esperados para la edad (por ejemplo no caminar al año, no hablar a los dos años, etc.).
  • La regresión de habilidades adquiridas previamente (por ejemplo, un niño que hablaba y deja de hablar).
  • La presencia de conductas atípicas: que surgen antes de lo esperado, con características inusuales o con una función diferente a la esperada.

La mayoría de los marcos de detección se han centrado históricamente en las dos primeras formas. Pero es en la tercera (las conductas que aparecen, pero de manera atípica) donde muchas veces se manifiesta el autismo en sus formas más sutiles o tempranas.

El desarrollo no es una carrera de llegada: también importa el cómo y el para qué

Un error común es pensar que si un niño o niña hace algo antes de tiempo, eso necesariamente es un signo de inteligencia o de desarrollo “avanzado”. Sin embargo, en neurodesarrollo no solo importa cuándo aparece una habilidad, sino cómo se manifiesta, con qué función, y en qué contexto emocional, social y comunicativo.

Por ejemplo:

  • Un niño puede aprender el abecedario a los 2 años, pero no mirar a su mamá cuando ella lo llama.
  • Puede aprender a leer palabras sueltas a los 3 años (esto se conoce como hiperlexia), pero no comprender lo que lee ni tener interés por compartir lo leído.
  • Puede mostrar una memoria extraordinaria para datos, pero gran dificultad para jugar simbólicamente o comprender gestos sociales básicos esperados para la edad.

Esta “disincronía” -habilidades aparentemente adelantadas en unas áreas, combinadas con dificultades importantes en otras- es una de las formas en las que se presenta el autismo en la primera infancia, especialmente en niñas o en niños con perfil cognitivo alto.

Lo que sí hacen también puede ser una señal de alerta

A continuación te presento algunas manifestaciones que, aunque pueden parecer “avanzadas” o “curiosas” en un niño pequeño, deben interpretarse con atención:

1. Lenguaje precoz, pero atípico

  • Uso de frases complejas sin intención comunicativa.
  • Ecolalias (repetición de frases de películas, diálogos, canciones) sin función social.
  • Lenguaje excesivamente formal, robótico o fuera de contexto para la edad.
  • Poca capacidad para mantener una conversación recíproca.

2. Intereses específicos e intensos desde edad temprana

  • Fascinación por temas cerrados y concretos (letras, números, planetas, logos, banderas) desde los 18 meses.
  • Tendencia a acumular datos y listas, sin intención de compartir ni dialogar sobre ellos.
  • Juego repetitivo centrado en la organización o alineación de objetos, sin simbolismo ni intercambio social.

3. Hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial

  • Reacciones exageradas al ruido, a luces brillantes, a ciertas texturas (alimentarias o táctiles).
  • Evitación de contacto físico o, por el contrario, búsqueda constante de presión, balanceo o movimientos repetitivos.
  • Dificultades para regularse ante estímulos provenientes del entorno.

4. Conductas motoras inusuales o autoestimulaciones

  • Mirar objetos giratorios por largos períodos.
  • Girar sobre sí mismo, agitar las manos, balancearse, saltar repetidamente.
  • Buscar estimulación visual a través de luces, reflejos o patrones.

¿Qué dice la ciencia sobre estas presentaciones?

Desde la neurociencia y la psicología del desarrollo, se ha comprobado que el autismo se asocia con un patrón de organización cerebral distinto, caracterizado por:

  • Hiperconectividad local: algunas áreas del cerebro funcionan con más intensidad o rapidez, lo que puede explicar ciertas habilidades precoces.
  • Hipoconectividad entre redes sociales y de integración multisensorial: lo que afecta la capacidad de interpretar emociones, comprender gestos, mantener el contacto visual o modular el lenguaje en función del otro.

Esto significa que un niño con autismo puede mostrar conductas que impresionan (por ejemplo, saber los planetas a los 2 años), pero tener serias dificultades para interactuar con sus pares o tolerar cambios en su rutina.

Las niñas y los perfiles con lenguaje fluido: los más invisibilizados

Este enfoque también permite comprender por qué muchas veces se retrasa el diagnóstico en:

  • Niñas: que tienden a camuflar socialmente, y cuyos intereses atípicos suelen ser más socialmente aceptables.
  • Niños con lenguaje fluido y buen rendimiento académico, en quienes se minimizan las dificultades sociales, sensoriales o de rigidez.

Cuando el entorno adulto se deja llevar solo por lo que “el niño ya hace”, puede pasar por alto el sufrimiento que genera esa diferencia en la forma de sentir, percibir y vincularse. Y muchas veces, cuando finalmente se consulta, ya hay malestares secundarios: ansiedad y baja autoestima.

La importancia de una perspectiva ampliada y empática

Aceptar que las señales del autismo pueden estar presentes en lo que un niño hace de másantes o distinto no es para patologizar la diversidad, sino para acompañar mejor, más temprano y con mayor comprensión.

Porque lo que a veces se celebra como “curioso”, “genial” o “especial”, también puede ser una manera de decir “algo no me está resultando fácil en este mundo que no siempre me entiende”.

Es momento de incorporar una mirada más fina, más sensible y más actualizada sobre cómo se expresa el autismo en los primeros años. De abrir espacio a la idea de que no todo lo adelantado es adaptativo, y que lo inusual también merece ser comprendido.

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