¿Habías oído hablar de las drogas auditivas?

El otro día recibí el siguiente video a través de una red social:

Fue publicado por primera vez en YouTube hace siete años y cuenta con casi 49 mil reproducciones. En este se puede leer al principio: “Cambian consumo de drogas; ahora, entran por los oídos”, antes de describir la técnica apropiada para escuchar estas nuevas “drogas auditivas” y cerrar con una secuencia de cortos con imágenes de los efectos en los jóvenes que las utilizan y breves entrevistas durante las cuales describen las ventajas, consecuencias y riesgos percibidos de las mismas. Tras la promesa de que van a obtener los mismos efectos que las drogas reales -continúa indicando el relator- pueden descargar archivos de sonido en sus diferentes dispositivos electrónicos, de páginas como www.sound-drugs.com y www.i-doser.com, entre muchas otras existentes en la web.

El mensaje es simple: las drogas auditivas tienen la capacidad de alterar tus ondas cerebrales y hacer que te sientas drogado. Por lo tanto, me di a la tarea de investigar más profundamente ya que, si bien es cierto que no es un tema “nuevo”,  sí es novedoso en nuestro país y ya empieza a circular información que, seguramente, generará preocupación en más de una persona.

Después de explorar diferentes páginas, decidí enfocarme precisamente en la que previamente mencioné (www.i-doser.com), motivada por su pegadizo eslogan: “For Every Imaginable Mood” (“Para Cualquier Humor Imaginable”). Tras una breve introducción en su página de inicio en la que se describen como “El proveedor líder de software y dosis de ondas cerebrales artesanales, cuyos productos son utilizados por millones de personas en todo el mundo para ayudarlos a lograr un estado de ánimo o experiencia simulada”, despliegan múltiples enlaces para acceder a paquetes de productos, que puedes descargar en tu Teléfono Celular,  Tableta, Computadora, Laptop, Audio MP3, así­ como la posibilidad de conseguir “Dosis  Personalizadas” o su “Nueva Colección Elite”. Al pulsar descargar en la opción de «Audio MP3», aparecen 40 paquetes diferentes a un precio -con descuento- de US 8.48 c/u (precio original US 16.95).

 A continuaciòn, algunos ejemplos y forma en la que promocionan estos paquetes:

1. Prescription Doses (Dosis de Prescripción) 1, 2 y 3: incluye simuladores de benzodiazepinas  y analgésicos potentes derivados del opio, para experimentar (1) “sedación, euforia, calma e intenso embotamiento”; (2) “euforia, calma increíble y un sueño profundo”; (3) y “un viaje psicoactivo, una sesión hipnótica, sedación y entumecimiento”. Agregan al final, que estos paquetes son “un gran esfuerzo para simular recetas populares.”

2. Recreational Doses (Dosis Recreativas) 1, 2 y 3: incluye simuladores de peyote, marihuana, opio, cocaína, ayahuasca, etc., para experimentar (1) “una relajación y sedación extremadamente altas y profundas, y resultados fuera de este mundo”; (2) “un viaje visual, veloz y las buenas vibraciones y poder de la fiesta”; (3) y “un viaje espiritual de conocimiento del ego, logros poderosos y la sensación de sobredosis”. Una vez más agregan al final, que esta es una de las colecciones más vendidas, así que “vengan a dar un paseo”.

3. Digital Drug Pack (Paquete de Drogas Digitales): incluye simuladores de marihuana, éxtasis, LSD y Ayahuasca “refinadas”, en “dosis puras, complemento perfecto para cualquier fin de semana, salir de noche con amigos o, simplemente, para vivir una experiencia personal en el hogar” la cual, si es la primera, recomiendan sea “en compañía” por poder ser demasiado intensa.

4. Legal Highs (Máximos Legales): incluye “simulaciones recreativas de las sustancias artificiales más poderosas y peligrosas del mundo como Spice y K2 (dos formas de marihuana sintética), Salvia Divinorum y Benzo Fury.”

5. Dangerous Doses (Dosis Peligrosas): incluye simulaciones de drogas que son derivados de anfetaminas, marihuana concentrada, opio y benzodiazepinas “para dosificadores que desean probar algo fuera de lo normal, con resultados potentes e intensos como nunca antes”. Agregan que son simulaciones intensas que superarán cualquier límite.”

Esta página, como todas las que encontré que ofertan “drogas auditivas”, despliega una leyenda de seguridad que indica que “las dosis de ondas cerebrales utilizan un audio potente que puede afectar la capacidad” (no especifican cual o de qué), por lo que recomiendan su uso “solamente como entretenimiento” y “bajo su propio riesgo”.

En contraste, también comercializan paquetes para sesiones de meditación, sonidos para sanar el cuerpo (conocidos como Sound Baths o Baños de Sonidos), para vivir experiencias espirituales intensas y para el rendimiento sexual, entre otros.

Entrando, ahora sí, a la parte esencial del asunto ¿A qué se refieren con dosis de ondas cerebrales?

Por estas se refieren a los Binaural Beats o Pulsos Binaurales (PB), descritos como “sonidos que producen un estímulo o sincronización del cerebro humano y que resulta cuando se combinan dos ondas de baja frecuencia (una diferente para cada oído, menores de 1,500 Hertz y con una diferencia menor a los 35 Hertz entre ellas) a través de auriculares tipo estéreo lo que, en consecuencia, provoca una frecuencia fantasmal o ilusión auditiva. Dicho de otra manera, los sonidos de baja frecuencia, cuando estos son ligeramente diferentes y por separado en cada oido, se perciben como si estuviesen mezclados de forma natural y el cerebro los interpreta como uno solo.

El primer registro que existe sobre la descripción de los PB data de 1839 cuando Heinrich Wilhelm Dove (1803-1879), un físico y meteorólogo de la entonces Prusia, descubrió la técnica de escucha binaural, donde diferentes frecuencias sonando separadamente en cada oído, producen la sensación de un tono de igual interferencia al que se percibiría si fuera creado físicamente. Sus pruebas preliminares, proponían que estos eran capaces de inducir estados de relajación en los sujetos de estudio. Años más tarde (1973), el biofísica Dr. Gerald Oster propondría algunos cambios y limitaciones de la técnica, manteniéndose mayormente su uso en centros de meditación o de terapias alternativas.  Los avances de la tecnología (sobre todo la aparición del internet), ayudaron a que se extendieran los conocimientos y la poca información disponible comenzó a llegar cada vez a más personas, lo que se reflejó en un interés creciente y la adopción de su uso en hospitales y clínicas, mismas que empezaron a realizar investigaciones para establecer sus beneficios terapéuticos, las que no han cesado al día de hoy.

Dentro de los estudios que que se han llevado a cabo, están aquellos que sugieren que pueden modular funciones autónomas tales como la frecuencia cardíaca, presión arterial, respuesta electrodermal, la temperatura de los dedos y el ciclo sueño/vigilia. Por otro lado, hay otros que han establecido el impacto sobre el rendimiento y el estado de ánimo; el nivel de relajación mental y física; los niveles de atención y memoria; la depresión y la ansiedad generalizada; el estrés preoperatorio y las necesidades de anestesia intraoperatoria. Sin embargo, la mayoría de estos, no han utilizado los PB solamente, sino una combinación de estos con música, sonidos naturales y guía verbal y , aquellos que han utilizado los PB como única técnica, han fallado en la cantidad y calidad de la muestra estudiada. Los resultados han sido también polémicos y debatibles, debido a que otros factores tales como la frecuencia utilizada, la duración de la exposición, el procedimiento llevado a cabo para el registro de la actividad cerebral, entre otros, son inconsistentes entre los estudios y, por ende, no pueden concluirse sus beneficios objetivamente.

 ¿Pueden entonces los Pulsos Binaurales tener efectos similares a las drogas?

Basándonos en la evidencia existente, los PB no pueden producir tal alteración del estado de conciencia.  No existe ninguna investigación que confirme que funcionen más allá del efecto placebo, o sea, que si quien utiliza las “drogas auditivas” está convencido de que obtendrá tal efecto, pues así será. De esta manera lo afirma el Dr. Steven Novella, neurólogo de la universidad de Yale. Agrega que los  defensores de esta técnica “argumentan que alteran las ondas cerebrales, lo que podría ser cierto (en un sentido trivial) debido a que, al experimentar un estímulo sensorial, las ondas cerebrales se alteran pero solo como parte del funcionamiento normal”.  En otras palabras, concluye, “esto es solo procesamiento y percepción cerebral normal, nada mágico o especial.” Esto me deja pensando ¿Otra pseudociencia más? ¿Otro brillante y lucrativo método de estafa? Para mí, ambos.

La juventud es una etapa de crisis, un periodo durante el cual la mayoría de los seres humanos, somos altamente sugestionables y, por ende, vulnerables. Cobra total sentido el posible efecto placebo descrito por el Dr. Novella  como causal de reacciones tan intensas en los jóvenes, así  como también en adultos con cierto patrón de personalidad. Volviendo a los jóvenes, quisiera terminar esta entrada expresando lo que, a mi juicio, es realmente lo preocupante y lo que debería también preocupar a quienes son parte de la vida de quien opte por este tipo de “entretenimiento”. No me refiero a los efectos de los PB sobre el cerebro que, como ya describí, no goza de sustento científico; tampoco a la posibilidad de que el consumo de  “drogas auditivas” sea la antesala para el consumo de verdaderas drogas en el futuro (esto tampoco tiene respaldo científico). A lo que me refiero es ¿En qué época estamos viviendo que los jóvenes decidan gastar su dinero, independientemente de cómo lo obtengan o cuánto tengan, comprando archivos en internet para saber qué se siente estar “intoxicado por cocaína”, “tener un viaje psicoactivo”, probar “las sustancias más poderosas y peligrosas del mundo” y, la peor de todas a mi juicio, para “experimentar una sobredosis”.

Los invito a reflexionar…

Referencias:
1. Video: https://youtu.be/6X3vVf46POo
2. http://www.i-doser.com
3. http://www.sonidosbinaurales.com/historia-de-los-sonidos-binaurales/
4. Jirakittayakorn, N. and Wongsawat, Y. Brain Responses to a 6-Hz Binaural Beat: Effects on General Theta Rhythm and Frontal Midline Theta Activity. Frontiers Neuroscience, 11:365. Thailand, 2017.
5. Steven Novella. Digital Drugs Do Not Cure Stupidity. Neurologica Blog, 2010. Consultado en lìnea en la pàgina: http://www.theness.com el 14 de enero de 2018.
6. McConnell, P. y cols. Auditory driving of the autonomic nervous system: Listening to theta-frequency binaural beats post-exercise increases parasympathetic activation and sympathetic withdrawal. Frontiers in Psychology, Volumen 5, Art. 1248. 2014.

El Fenómeno Homicidio-Suicidio

Pasadas las siete de la mañana del día de ayer, me desayuné la siguiente noticia: “Asesinan a una mujer en Bella Vista”. El texto de la noticia en línea continuaba detallando cómo su vida había sido arrebatada a tiros por su pareja, un sargento del  Servicio de Protección Institucional, que fallecería poco tiempo después en un hospital de la localidad tras propinarse un tiro. He aquí la crónica del primer homicidio – suicidio del año 2018.

La definición del fenómeno de homicidio – suicidio ha sido descrita en la literatura forense como un evento en el cual una persona quita la vida de otra persona cometiendo homicidio y luego se suicida; el tiempo que transcurre entre el homicidio de la víctima y el suicidio del perpetrador se extiende desde menos de un día, incluso minutos, hasta tres meses (Marzuk, 1992).

Se puede clasificar de acuerdo con la relación existente entre la víctima y el victimario. El tipo esposa – consorte, está caracterizado por el homicidio de un compañero íntimo y el posterior suicidio del perpetrador, siendo el subtipo posesivo el más frecuente . Este consiste en el homicidio de la esposa, amante o compañero íntimo. El agresor es típicamente un hombre y la victima una mujer y situaciones tales como el hecho de que el hombre sufre rechazo por parte de su compañera o su esposa; que la mujer dirija su afecto hacia otro hombre, lo expulse del hogar o inicie un proceso de separación o divorcio, forman parte del contexto que motiva al perpetrador a cometer ambos hechos, estresado finalmente por la posibilidad de pérdida de la persona que -a su juicio- posee.

Existen pocas investigaciones publicadas sobre este fenómeno. Sin embargo, apenas este mes, se publicaron los resultados de un estudio llevado a cabo en el condado de Cuyahoga, Ohio (EEUU), en el que se recabó durante 25 años (de 1991 a 2016) información general clínica proveniente de  los archivos médicos de personas involucradas en este tipo de actos ¿Cuáles fueron los resultados? Consistentes con  estudios previos: la mayoría de las víctimas eran mujeres; los perpetradores eran “abrumadoramente masculinos”; y la forma de cometer ambos actos fue a través del uso de armas de fuego.

Otras variables estudiadas han sido el rango de edad del perpetrador, en la mayoría de los casos, ubicado entre los 35 y los 39 años; la edad de la víctima entre los 25-29 años; el estado civil del perpetrador es “casado” en el 31% de los casos, seguido por “unión libre” en el 26%. La ocupación del perpetrador, constituye un factor capaz de influir en la decisión de qué método elegir para ejecutar el acto y que además permiten relacionarlo con un entorno de riesgo y/o violento. Aquellas ocupaciones con acceso a armas sobre todo policías, jefe de armamento y fuerzas armadas, se ha determinado se asocian hasta en un 32% (Coello, 2014). Aunado a lo previamente descrito, en un número considerable de casos, existía el antecedente de abuso de alcohol y violencia doméstica por parte del victimario y describen los conflictos de pareja, sobre todo “los celos”, como un importante factor de motivación en muchos casos.

Los celos no son novedad en la dinámica de las relaciones humanas. Sin embargo, no fue  hasta la década de los 70’s que la psicología empezó a interesarse en su estudio. Dependiendo de la perspectiva con que  los veamos, podría empezar evocando los simples “celos infantiles fraternales” descritos por Freud, que surgen como consecuencia de la competencia propia entre los hermanos por los cuidados de la madre; pasando por la definición de Clanton (1998) quien consideraba desde entonces los celos como una emoción negativa que enmascara temor a la pérdida, entre muchas otras emociones como ira, ansiedad, etc;  hasta una definición un poco más reciente y a tono (Montalvo, 2001) que los describe como “un sentimiento o emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva y cuya base es la infidelidad, real o imaginaria”.

De ahí en adelante, se procedió a establecer la diferencia entre los celos no patológicos, de aquellos que sí lo son. Los primeros se consideran cuando la reacción es transitoria, se asocia puntualmente a miedo y el individuo no pierde el contacto con la realidad. En contraste, se concluye que son patológicos cuando quien los presenta, desarrolla distorsiones cognitivas (o sea, alteraciones en el contenido del pensamiento) en ausencia de una causa real que los desencadene; experimenta una reacción fisiológica que se traduce en ansiedad, hipervigilancia, comprobaciones y otras molestias físicas y, finalmente, por la presencia de conductas de control hacia la pareja que podrían terminar en graves actos de violencia. A los celos patológicos se les denomina celotipia.

Clasificada dentro del grupo de trastornos psicóticos de tipo delirante según el Manual Diagnósticos y Estadístico de Trastornos Mentales en su 5ta. Edición (DSM-5), el trastorno delirante tipo celotípico aplica cuando el tema central del delirio del individuo es que su cónyuge o pareja le es infiel, pudiendo existir alucinaciones congruentes con el tema delirante (auditivas y visuales sobre todo), en ausencia de un comportamiento cotidiano extravagante o extraño y de un deterioro considerable de su funcionamiento como en el caso, por ejemplo, de la Esquizofrenia.

Si bien es cierto que se ha determinado cómo contribuyen ciertas variables en el desarrollo de este trastorno (la edad, baja autoestima, infidelidad previa, etc.) los avances científicos han ayudado a reconocer qué  es lo que sucede tanto en el cerebro como a nivel sistèmico en una persona celotípica. En resumen, se ha podido concluir, que alteraciones en la corteza prefrontal (principalmente) y el sistema límbico, ademas de la instalaciòn de la actividad hormonal,  son factores asociados y que contribuyen con la aparición y escalada clínica característica: desconfianza, confusión, hostilidad, discusiones, primeros conflictos de agresión, ansiedad excesiva,   síntomas somáticos (cardiovasculares, hiperglicemia, taquicardia, insomnio, etc.), fracaso en la autorregulación emocional, reacciones emocionales excesivas incongruentes con el estímulo, pobre capacidad de razonamiento, fallas en el juicio de la realidad, mala toma de decisiones y mal control de impulsos, exteriorizándose esto último, en todas las formas de violencia posibles, incluyendo el homicidio.

Acto seguido, se decide el suicidio, lesión autoinfligida intencional de una persona incapaz, en ese momento, de dominar una situación percibida como insoportable y que convencida de que no existe otra salida, planea y ejecuta una auto lesión de desenlace fatal. En la mayoría de los casos de homicidio- suicidio se puede determinar la presencia, no solo de celotipia en el perpetrador, sino también de depresión. Este último cuadro psicopatológico llega a tener criterios de severidad que constituyen un factor importante en la tendencia suicida de los perpetradores.

En este punto, no deja de resonar en mi mente la expresión “psiquiatrización del crimen”, crítica  frecuente por parte del movimiento antipsiquiatría el cual manifiesta que, inmediatamente después de la difusión de un crimen como este a través de los medios de comunicación masiva, suele aparecer un psicólogo o un psiquiatra para otorgar el calificativo de “trastorno mental” al acto, de hecho, de esta forma podría ser interpretado mi escrito.

Sin embargo, pese a que se tiene la idea preconcebida que toda persona que tiene un trastorno mental y comete un delito es inimputable, esto no dista más de la realidad. La agresividad humana asociada a  psicopatología, no necesariamente lo libera de responsabilidad penal siempre y cuando, en primer lugar, se compruebe intencionalidad del acto, o sea, la búsqueda deliberada por parte del agresor de perjudicar, dañar o agredir a otro; en segundo lugar, si la víctima expresa o expresaba sentimientos de estar siendo agredido; y por último, la expresión por parte del observador (testigo), abogando a su juicio crítico, de que el hecho evidenciado fue nocivo e intencional.

El impacto psicosocial que este tipo de muertes genera en la sociedad y en las familias involucradas, implica una mayor afectación en comparación con la que producen el homicidio o el suicidio, cuando se presentan individualmente. Como todo problema de salud pública, es importante diseñar estudios que analicen la correlación de múltiples variables en miras a proveer herramientas que permitan diseñar estrategias de prevención.

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Referencias:
1. Regoeczi, W. C. and Gilson, T. Homicide–Suicide in Cuyahoga County, Ohio, 1991–2016. Journal of Forensic Sciences. 2018.
2. Aranda Rubio, E. y colaboradores. Protocolo-Guía  de Evaluación para Casos de Dependencia Emocional. Universidad Autónoma de Madrid. Versión digital consultada el 10 de enero de 2018.
3. Javier Esteban Coello Hidalgo. Caracterización epidemiológica de las muertes por el fenómeno de homicidio – suicidio en Bogotá entre los años 2007 a 2012. Departamento de Patología, Facultad de Medicina, Universidad de Colombia. 2014.
4. Manual Diagnòstico y Estadìstico de los Trastornos Mentales. American Psychiatric Association. 2014.
5. Dr. Eduardo Calixto. Celotipia y Cerebro. Neurociencias en la Vida Cotidiana. 2015. Versiòn digital consultada en lìnea el 10 de enero de 2018.
6. Dubugras, S. Homicide Followed by Suicide. Facultad de de Psicología. Pontifícia Universidad Católica do Rio Grande. Brasil. 2007.

El suicidio no tiene rostro

La prevención en Salud Mental, al igual que en cualquier otra disciplina médica o ligada a la salud, existe. En el caso del suicidio no es diferente. La palabra SUICIDIO sigue siendo fuerte para muchos, un tema tabú; una palabra difícil de pronunciar, sobre la cual es mejor no hablar o preguntar. El solo hecho de escucharla, genera en muchas personas gran malestar y, en muchos otros, la oportunidad perfecta para juzgar o mofarse del afectado. Es un problema de salud individual y pública, que puede afectar a cualquier persona en algún momento de su vida.

La OMS describe al suicidio como «un drama EVITABLE que sucede cada 40 segundos en alguna parte del mundo y afecta cada año a más de 800,000 personas, más que las víctimas de guerra o catástrofes naturales», sin olvidarnos que las guerras y catástrofes naturales «son lo de hoy». Por eso, es fundamental aprender a identificar, en uno mismo y en otros, aquellos factores que aumentan o disminuyen el nivel de riesgo suicida, mismo que  aumenta proporcionalmente con la cantidad de factores presentes. La estimación del riesgo suicida se realiza mediante el juicio clínico del profesional, valorando los factores que concurren de modo particular en cada persona, en un momento determinado de su vida y ante eventos estresantes específicos.

Más allá de que se han reconocido factores genéticos y biológicos en la población general relacionada a la conducta suicida -como la disfunción del sistema serotoninérgico a nivel neurológico- es valioso aprender a reconocer de manera práctica, aquellos factores de riesgo conocidos asociados al suicidio y que varían de un individuo a otro. Cada caso, proviene de historias y circunstancias personales, sociales y médicas muy diferentes, por lo que suelen clasificarse en modificables (aquellos relacionados con factores sociales, psicológicos y psicopatológicos que pueden modificarse clínicamente) e inmodificables (aquellos relacionados al sujeto o al grupo social al que pertenece y se caracterizan por su mantenimiento en el tiempo).

A nivel individual, los FACTORES DE RIESGO más frecuentemente identificados incluyen la presencia de trastornos psiquiátricos tales como la depresión mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, los trastornos de ansiedad, el abuso y dependencia de alcohol y drogas y los trastornos de personalidad límite y antisocial principalmente; la edad, demostrando la evidencia que a lo largo de la vida, son los adolescentes y los adultos mayores( tasas de suicidio tres veces mayor a los adolescentes) los que más intentan y concretan el suicidio; en cuanto al género, los hombres lo consuman más mientras que las mujeres lo intentan más; la presencia de enfermedad física o discapacidad, sobre todo, cuando existe dolor crónico, pérdida de la movilidad, entre otros. La historia familiar de suicido; la experimentación de hechos traumáticos, incluyendo violencia física, sexual y acoso; el escaso apoyo social y familiar; la pérdida del trabajo, pobreza y el bajo nivel educativo, entre muchos otros, son factores de riesgo familiar y «situacionales» que presentan las personas con este tipo de conductas.

En contraparte, tenemos los FACTORES PROTECTORES, o sea aquellos que disminuyen la probabilidad de un suicidio en presencia de factores de riesgo, dentro de los cuales están: la habilidad para la resolución de conflictos; niveles positivos de autoconfianza;relaciones interpersonales y sociales eficaces; la flexibilidad cognitiva; tener hijos (en el caso concreto de las mujeres); adecuado apoyo familiar y social; integración social; marcada espiritualidad (no solamente religiosidad); acceso a recursos para atender trastornos mentales, la enfermedad física y la dependencia de sustancias, en el caso de los pacientes con alguno de estos problemas.

Estimar el riesgo suicida en un individuo resulta difícil, ya que no existen indicadores específicos o factores de riesgo que tengan un valor predictivo en sí. A nivel profesional, la entrevista clínica es la forma de evaluarlo, además de que supone el inicio de la interacción y relación médico-paciente en muchos casos, por lo que es primordial en la reducción del riesgo suicida. Sin embargo no debemos olvidar el rol primordial que juega la familia y la sociedad como «ente regulador» de este fenómeno que va en ascenso. En palabras de Durkheim (considerado el Padre de la Sociología): «cuando la sociedad está perturbada por crisis dolorosas, es incapaz de realizar su acción reguladora  y asciende la curva de suicidios.» Las necesidades del ser humano no dependen del cuerpo solamente, tiene también otro tipo de necesidades que se traducen en cantidad de bienestar, confort, aprobación y reconocimiento, todas circunstancias que una sociedad saludable y resiliente puede garantizar, sin olvidarnos de que para llegar a esto, cada uno de sus miembros debe fortalecer su integridad física y emocional para hacer frente a todos los retos y constantes cambios a los que se enfrenta la sociedad actual.

 

 

 

 

Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo 2017

Debido a la creciente prevalencia mundial de casos de autismo y preocupada por la importancia de que las autoridades gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado trabajen de manera conjunta en el desarrollo de programas de salud, educación, capacitación e intervención adecuados a beneficio de esta población y  recordando que el diagnóstico precoz, la investigación y la intervención apropiadas son vitales para el crecimiento y el desarrollo de cada individuo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró mediante Resolución 62/139 del 18 de diciembre de 2007, el 2 de abril como el “Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo”. A través de esta, alienta a todos los Estados Miembros, a otras organizaciones internacionales y a la sociedad civil, a que adopten medidas para concienciar a toda la sociedad, incluso a nivel familiar, sobre la situación de los niños con autismo (Fuente: Resolución Oficial de las Naciones Unidas).

Desde el año 2008 y bajo el paraguas de un tema en específico propuesto, la ONU exhorta a todo tipo de profesionales, entidades alrededor del mundo y población general, a unir esfuerzos para realizar actividades dirigidas a garantizar la calidad de vida de las personas con esta condición así como la de sus familias, conscientes de que el desconocimiento y abordaje inadecuados son los mayores retos a vencer.

Al menos en los últimos tres años, hemos visto un patrón en el eje temático sugerido, el cual incentiva a trabajar por su bienestar, pero proyectando estos beneficios a largo plazo, enfocados  en sus habilidades más allá de los retos a los que se pueden enfrentar debido a su condición; en la capacidad que tienen para desempeñar un oficio, trabajar y ser productivos e incluidos en nuestra sociedad.

Este año 2017 bajo el tema “Hacia la autonomía y la autodeterminación”, entrelazan los  principios de autonomía e independencia a los que tienen derecho las personas con discapacidad con la “capacidad jurídica” de cada individuo, recordándonos que  esta depende de la presencia de ciertas habilidades para el disfrute de una autonomía individual plena,  pues la carencia de estas son las que muchas veces entorpecen el proceso de inclusión total de las personas con autismo. Algunas de estas habilidades se pueden ver afectadas por la propia condición,  pero en un porcentaje considerable (hasta en un 70% de los casos según algunos estudios) por la presencia de otros trastornos psiquiátricos, por ejemplo, trastornos de ansiedad y depresión entre otros.

Sin embargo, esta evolución en el abordaje del Trastorno del Espectro Autista (TEA), no excluye que se deba seguir trabajando en la detección y diagnóstico temprano, lo que sigue siendo un reto en la mayoría de los países, pues de esto depende finalmente  el que se aborde de manera oportuna, lo que mejora el pronóstico a mediano y largo plazo.

Hoy soy un niño pero mañana seré una persona adulta con Síndrome de Down 

En 1866 el Dr. John Langdon Down describió un grupo de niños que compartían características cognitivas y conductuales, además de rasgos físicos. Sin embargo, no fue hasta mediados del Siglo XX que un grupo de científicos encontraron la presencia de 47 cromosomas (en vez de 46) en una persona con el síndrome, describiendo así la forma de patología genética más frecuente, la Trisomía 21.

Desde entonces, muchas cosas han pasado que, de una forma u otra, han contribuido a la evolución a través del tiempo en todos los aspectos de la vida de las personas con Síndrome de Down: el cambio de denominación por la actual en honor al Dr. Down que vino a remplazar las previas, las cuales tenían una connotación negativa y agresiva, enfocada en las deficiencias y debilidades; los descubrimientos y avances en la tecnología médica que ayudaron al reconocimiento de otras dos formas –genéticas- del Síndrome de Down (la Translocación y el Mosaicismo), así como al aumento de la sobrevida gracias a la posibilidad de poder corregir patologías cardiovasculares congénitas, mayormente mortales y frecuentes hasta en el 45% de los individuos; la creación de especialidades y disciplinas de la salud dirigidas a brindar un modelo rehabilitatorio integral de atención; la Declaración Universal de los Derechos Humanos que describe que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinción alguna”; la Declaración de los Derechos Humanos de las Niñas, Niños y Adolescentes, antes de la cual no se consideraba a los niños como poseedores de necesidades particulares diferentes a las de los adultos; y más recientemente, la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, donde se reconoce que se «siguen encontrando barreras para participar en igualdad de condiciones con las demás» y nos recuerda la importancia de unir esfuerzo para mejorar sus condiciones de vida.
Pese a todo esto, sigue existiendo un grupo relegado ante los ojos de los servicios de salud, educativos, del mundo laboral y, en ocasiones, hasta de la propia familia: EL ADULTO con Síndrome de Down.
En la actualidad se estima que el 80% de los adultos alcanzan los 60 años pero ¿En qué condiciones? Pese a que las necesidades suelen ser mayores que la cantidad de recursos que se ofertan, es evidente la escasa presencia de programas públicos, privados o llevados adelante por organizaciones no gubernamentales, que brinden orientación integral tanto a las personas como a las familias de las personas con esta condición, así como la nube gris que flota a nivel social en temas de inclusión laboral. Muchos programas educativos los excluyen al entrar en la adolescencia, etapa crucial para el reforzamiento de habilidades socioemocionales e incipiente entrenamiento de destrezas que puedan significar un trabajo a futuro. A nivel salud, son dados de alta de programas al cumplir objetivos básicamente circunscritos al desarrollo motor (independientemente de la edad) con escasa orientación sobre la importancia del seguimiento médico en miras a la prevención y atención de aquellos problemas de salud (física y mental) para los cuales tienen estadísticamente mayor riesgo. Por último el cambio de paradigma que antepone a la persona, sus fortalezas y derechos, independientemente de las dificultades derivadas de su condición, sigue siendo difícil para la sociedad y las familias.
Si para muchos hablar de virtudes, habilidades, destrezas, fortalezas, etc., de las personas con Síndrome de Down es idealista entonces ¿Qué adjetivo les merece la idea de que hay que trabajar arduamente en equipo para garantizar su calidad de vida? Medir la calidad de vida es relativamente difícil, sin embargo, es innegable que su percepción es el resultado del acceso que tenga el individuo a aquellos recursos que satisfagan sus necesidades básicas, sanitarias, educativas, de seguridad y aquellas que le permitan ejercer sus derechos y libertades inherentes y primordiales. Esta calidad de vida se debe construir, en paralelo, a la promoción en su entorno familiar y social inicialmente.
Entonces ¿Cómo podemos garantizar la calidad de vida del adulto con Síndrome de Down? Podría resumir mis observaciones en siete puntos:

1. Antes que nada, mantener la constancia en la enseñanza y reforzamiento de habilidades de autocuidado y autonomía. Las habilidades aprendidas durante la infancia y adolescencia son necesarias para nuevas habilidades que deberá aprender como adulto.

2. Promover y establecer programas de seguimiento y atención de la salud física y mental (Figura 1).

3. Crear grupos de personas con Síndrome de Down y grupos de familiares para la psicoeducación en aspectos relacionados con la esfera socioemocional y sexual.

4. Promover en las familias el respeto del derecho que poseen de tomar sus propias decisiones y las consideraciones ligadas al establecimiento de dichas competencias. La presencia o ausencia de una condición no determina si capacidad de tomar decisiones, sino el juicio que tenga de la realidad.

5. Ampliar los programas dirigidos al entrenamiento de habilidades que puedan traducirse en una ocupación o empleo a futuro.

6. Crear una plataforma de candidatos a un empleo, independiente o con apoyo, dependiendo de las habilidades del individuo y las demandas de la sociedad.

7. Capacitar a la sociedad y empresas sobre las habilidades y fortalezas de las personas con Síndrome de Down para desestigmatizar la condición y favorecer la inclusión laboral.

8. Crear y promover actividades sociales inclusivas.

  

La Enseñanza ante la Neurodiversidad

¿Quién no recuerda su etapa escolar? Más allá de lo aprendido, lo vivido en la escuela lo recordamos claramente no importa la edad que tengamos. Constantemente soy testigo de que el modelo educativo que en la actualidad impera no solamente en nuestro país, es de los temas que genera más estrés, tanto al estudiante como a las familias, independientemente del grado escolar o situación psicosocial.

En primera instancia, tenemos que ubicarnos en la realidad del alumno. La escuela es como una pequeña sociedad , en donde va a pasar la mayor parte de su vida y donde va a desplegar todo su potencial, sus retos y dificultades y a estimular de manera constante todas las áreas del desarrollo: sensorial, motor, cognitivo, lenguaje, comunicación y socioemocional. Se transforma en el lugar más importante del mundo para ellos, por lo que las experiencias vividas van a impactar su vida de manera permanente.

Más allá de la creciente falta de valores y principios básicos de convivencia, como respeto, tolerancia, comprensión, etc. -los que sabemos se inculcan desde el hogar, pero ese viene siendo otro extenso tema aparte- la rigidez de nuestro sistema educativo no da cabida la mayoría de las veces a la neurodiversidad. Pero ¿qué es eso de neurodiversidad? Poniéndolo en palabras sencillas, pues no es más que la diversidad de todos los cerebros y mentes humanas, así como la infinita variación en el funcionamiento que existe  dentro de nuestra especie. Usualmente aplicado exclusivamente de manera errónea para hacer referencia a personas con alguna condición o discapacidad, lo cierto es que existen más de 7 mil millones de cerebros “neurodiversos” como personas hay en el mundo,  ya que nuestro cerebro es único como resultado de la interacción dinámica de factores genéticos y ambientales. Lo que me lleva a regresar al tema ESCUELA como parte de esos factores ambientales.

En la actualidad vemos que las demandas académicas se alejan del neurodesarrollo “normal” y esperado acorde a la edad, por lo que muchas de las exigencias -sobre todo cognitivas y conductuales- del docente hacia el alumnado, distan de ser realistas. Aunque nuestro cerebro tiene la capacidad de buscar, detectar, aprender y encontrarle sentido a los “patrones” para ser utilizados, tampoco podemos ser rígidos al respecto. Es por esto que cuanto más cerca esté la educación de las neurociencias, mejor será el conocimiento del educador sobre cómo atiende, procesa, aprende y evoca la información nuestro cerebro, sin olvidarnos que esto varía con la edad y de un alumno a otro. A partir de ese conocimiento que debe ser dominado de manera general por todos los profesionales que trabajan con humanos y no exclusivamente por profesionales dedicados a las neurociencias, el docente puede mejorar la experiencia de aprendizaje del alumno y sus estrategias de enseñanza.

Al final se trata de que el educador comprenda:

  1. Cada uno de sus alumnos tiene un cerebro único que se desarrolla de manera constante.
  2. El modelo de enseñanza y trato hacia sus alumnos afecta directamente su neurodesarrollo. Ustedes son parte de ese “ambiente” que interactúa con la historia genética.
  3. Cada ser humano aprende de manera diferente y a un ritmo diferente.
  4. Las emociones -componente esencial de las experiencias humanas-  inciden inevitablemente en el aprendizaje.
  5. El alumno con problemas emocionales (por el motivo que sea), puede en consecuencia también tener afectadas habilidades cognitivas como la atención, concentración, razonamiento, toma de decisiones, entre otras.
  6. El objetivo de una adecuación no es el de facilitar la enseñanza sino el de adaptarla a las habilidades y aprendizaje del individuo.
  7. La enseñanza basada en la intimidación y miedo no da resultados positivos, tan sólo genera estrés crónico y en el caso de personas más vulnerables, trastornos de ansiedad como fobia escolar (estadísticamente de las más frecuentes), ansiedad generalizada, por nombrar algunos.
  8. La enseñanza lúdica, creativa, divertida, estructurada a partir del nivel de desarrollo del alumno, respetando y trabajando tanto los retos y dificultades individuales como reforzando sus habilidades, es el camino…

Sobre la Personalidad y sus Trastornos

 

¿Quién no ha escuchado esta máxima? En el sentido psicológico implicaría “mirar para atrás” y lograr de esta manera entender por qué actuamos de cierta forma, explorar todo lo vivido desde pequeños para que nuestro presente cobre sentido, para entendernos. Sin embargo, contradictoriamente el verdadero objetivo de esta propuesta que data desde la antigua Grecia, era el de invitar a las personas a  reflexionar  pero con un propósito futuro; concluir cómo la manera de pensar, lo que uno dice y  hace definitivamente impacta el presente pero, aún más importante, cómo impacta el futuro, para poder así reconocer todo aquello que debemos modificar para ser mejores. Pero si no soy capaz de llevar a cabo esta introspección ¿Cómo pretendo lograr un equilibrio? ¿Cómo puedo tener dominio sobre mi propio ser?

Debemos prestar atención a la forma en que reaccionamos ante las situaciones estresantes de la vida, qué pensamos en ese momento, cómo nos sentimos, cómo nos comportamos, pero no solamente hacia los demás, sino también hacia uno mismo. Puede ser que una situación específica nos lleve a pensar que “equis persona no me quiere”  pero ¿qué pienso y siento por mí mismo al momento de llegar a esa conclusión? Esa idea puede generar estados de estrés negativo o positivo (sí… el estrés positivo existe) y en vez de pensar que «fui un tonto” y sentirme triste, piense “de qué me sirve tener cerca a una persona que no me quiere” y agradecerle a la vida por quitármela del camino.  Si ante el mismo hecho o ante situaciones similares tiendo a tener el mismo patrón de respuesta negativa ¿cómo pretendo que las cosas cambien si reacciono siempre de la misma manera?

Sin embargo, más allá del esfuerzo voluntario de cambiar una idea negativa por otra positiva para, en consecuencia, modificar la cascada de respuesta emocional y conductual que esta genera (premisa básica de la terapia cognitivo conductual) en ocasiones, ciertos patrones desadaptativos de respuesta (psíquicos, afectivos y conductuales) podrían estar definidos por una fuerza mayor, mucho más difícil de controlar. La búsqueda para comprender profundamente la personalidad humana, ha evolucionado desde el siglo IV A.C., cuando por primera vez Hipócrates describió cuatro tipos de temperamentos relacionados a cuatro humores corporales distintos (bilis amarilla=colérico, bilis negra=melancólico, flema=racional y sangre=valiente); pasando por las primeras descripciones no patológicas y patológicas de la personalidad; hasta las teorías actuales descritas gracias a los avances de las neurociencias.  Esta disciplina se ha encargado de esclarecer la relación que existe entre las estructuras del sistema nervioso y fenómenos funcionales como caminar, hablar, reír, llorar, etc.  Gracias a esta, se han podido explicar algunos de los procesos biológicos detrás de  los distintos tipos de personalidad y sus perturbaciones.

Es que “yo soy así”

¿Cómo eres realmente? ¿Te conoces? Antes de elaborar brevemente los diferentes tipos de personalidad descritos en la Quinta Edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) es importante dejar claros algunos conceptos y reforzar también la base biológica de nuestra personalidad.

¿Se nace o se hace la personalidad?

Ambos aspectos son ciertos. Nuestra personalidad resulta de la interacción entre todo aquello que biológicamente nos constituye y el ambiente. Con esto me refiero a que aunque la experiencia va modelando nuestra forma de ser, estudios afirman que el 52% de nuestros rasgos de personalidad se lo debemos a la herencia (genética).

¿Qué es la personalidad?

Por personalidad nos referimos al patrón persistente de rasgos cognitivos (curso y contenido del pensamiento); afectivos y conductuales, hondamente arraigados y ampliamente utilizados por un individuo en todas las áreas en lasque se desenvuelve. El aspecto central para definir el tipo de personalidad que tenemos, gira en torno a la forma en que afrontamos las diferentes situaciones que se nos presentan de manera cotidiana. Este patrón de afrontamiento define los rasgos de nuestra personalidad.

En la actualidad se reconocen 10 diferentes tipos de personalidad, agrupados en tres grandes grupos, con base en ciertos rasgos similares ¿te parece si tratas de reconocer en cuál encajas?

  1. Los raros y excéntricos
  • Personalidad Paranoide.

Tendencia a atribuir motivaciones malintencionadas en las acciones de los demás y percibirse como “víctimas” de constantes injusticias, por lo que pueden actuar con el objetivo constante de reivindicarse o reparar el daño percibido. Desconfiados y suspicaces, dudan de la lealtad de otros. Pueden llegar (no siempre) a ser intolerantes, rencorosos,  irritables, iracundos y hasta hostiles.

  • Personalidad Esquizoide.

Solitarios y con tendencia a ser distantes con las relaciones sociales, pero cercanos con su núcleo familiar. Responden en términos intelectuales a cosas a las que, la mayoría de las personas, responden emocionalmente ya sea con tristeza, ansiedad, etc. No les interesa mucho mantener cercanía con otras personas porque no las disfrutan o no les importa realmente. Poco expresivos, indiferentes a la crítica y con escaso interés sexual. Son las personas mal llamadas “antisociales” que, como veremos más adelante, tienen otro tipo de característica.

  • Personalidad Esquizotípica.

Extravagantes en su comportamiento, pensamiento, lenguaje, afecto y aspecto (arreglo), lo que afecta de manera importante las relaciones sociales, ya sea  porque las personas los evitan o porque ellos mismos  deciden hacerse a un lado porque reconocen que “no encajan” con la mayoría. Tienden a un pensamiento mágico y místico que además podría en ocasiones influir y distorsionar la forma en que ven la realidad, lo que se traduce en la descripción de haber vivido experiencias perceptivas inusuales. Son vistos por los demás como personas «singulares» y «raras».

  1. Los dramáticos, emocionales y erráticos
  • Personalidad Límite.

Emociones muy  “cambiantes” e inestables, al igual que sus relaciones interpersonales. Tienen la tendencia a que su autoestima sea dependiente y su autoimagen está frecuentemente afectada. Pueden sentirse incomprendidos, vacíos, con temor –real o imaginario- al abandono; así como suponer que cosas que ocurren a su alrededor, se relacionan con ellos (pensamiento referencial). Impulsivos, pudiendo llegar a actuar con agresividad hacia otros y hacia sí mismos; son frecuentes las conductas compulsivas de índole sexual, alimenticia y de consumo de sustancias.

  • Personalidad Antisocial.

Presentan un comportamiento inadaptado y carente de empatía; llevado a cabo con desprecio y violación de los derechos de los otros, con el objetivo de imponer los propios. Las acciones cometidas, no generan remordimiento alguno. También suelen ser impulsivos, agresivos e imprudentes.

  • Personalidad Histriónica.

Amantes de ser el centro de atención, suelen ser personas vanidosas, muy preocupadas por su atractivo físico, excitables, emotivas, seductoras, dramáticas y extrovertidas. Les es difícil mantener vínculos profundos y duraderos. Su comportamiento es “pintoresco” y suele ir acompañado por un aspecto físico llamativo.  Sugestionables y con ausencia de matices a la hora de expresar sus emociones.

  • Personalidad Narcisista.

Poseedores de ideas y comportamientos de suma grandiosidad, tienen la sensación de ser y hacer todo perfectamente bien, por lo que exigen en respuesta admiración por parte del resto de las personas que no están a su nivel. Suelen ser arrogantes y devaluadores hacia los demás,  faltos de empatía, con fantasías de éxito especial y único, lo que presumen.  A juicio personal,  perfecto proceder  genera  “envidia” en el resto de las personas. 

  1. Los ansiosos y temerosos
  • Personalidad Obsesivo-Compulsiva.

Diferente al Trastorno Obsesivo-Compulsivo, son personas muy preocupadas por el orden, la homogeneidad y la simetría. Suelen ser  detallistas, perfeccionistas y poseedores de un pensamiento y comportamiento rígido, estructurado e inflexible. Excesivamente dedicados y obstinados, pueden incurrir en la acumulación de objetos innecesarios y la necesidad de comprobar y volver a comprobar lo que hacen. Controladores y reacios  a delegar porque las cosas “jamás van a estar bien hechas” si no las hacen ellos mismos. En búsqueda constante de la perfección,  la que –obviamente-  nunca encuentran.

  • Personalidad Evitativa.

Personas usualmente tímidas que, como bien lo describe su nombre,  evitan relacionarse con los demás, aunque sí lo deseen,  por ser muy sensibles al rechazo y temerosos de las críticas. Se esfuerzan por agradar y caer bien, esfuerzo que puede llegar a ser muy evidente.

  • Personalidad por Dependencia.

Altamente sugestionables, sumisos y “necesitados” de los demás, pueden parecer incapaces de estar solos y mostrar mucho temor de separarse de los demás. Tienen dificultad para iniciar proyectos o tomar decisiones propias, por lo que buscan la aprobación u opinión constante de otras personas, llegando en ocasiones, a delegarles a estos la responsabilidad de la toma de decisiones importantes de su vida.

Es probable que en este punto, hayamos detectado en cuál de estos tipos de personalidad encajamos o encajan personas a las que conocemos. También podríamos reconocer características de dos o más tipos diferentes. Esto es porque, como describí antes,  todos los seres humanos tenemos rasgos de personalidad. Entonces ¿cuándo los rasgos de personalidad se transforman en un trastorno?  

¿Qué es un Trastorno de Personalidad?

Se establece que los rasgos de la personalidad son lo suficientemente disfuncionales como para englobarlos dentro del concepto de “trastorno”, cuando ese patrón de respuesta tiende a ser persistente y diferente de lo social/culturalmente esperado, por lo que el individuo se ve expuesto a constantes conflictos interpersonales, que impactan su desempeño general a nivel familiar, escolar, laboral y social. 

Si pudiésemos resumir en varios puntos las particularidades de los trastornos de personalidad, tendríamos la presencia de:

  • Comportamientos carentes de armonía que afectan las emociones, la forma en que se expresan las mismas, la percepción hacia uno mismo y el entorno,  el comportamiento (control de impulsos) y la forma en que nos relacionamos con los demás.
  • Todo lo previamente descrito es duradero o persistente en el tiempo y no episódico.  
  • El patrón cognitivo-afectivo-comportamental de personalidad no contribuye a la adaptación del individuo en su entorno. Por el contrario, la persona se relaciona con su entorno de una manera rígida, inhibiendo la elaboración de otras estrategias de afrontamiento que le permitan adaptarse mejor.
  • El patrón de personalidad genera malestar personal y hasta sufrimiento emocional.
  • El trastorno por lo general (aunque no siempre) está acompañado por deterioro significativo del rendimiento y desempeño, por ejemplo, podemos notar incapacidad para mantener una relación de pareja, un trabajo y vida social. 
  • La persona no suele estar consciente de la incomodidad que genera o el impacto negativo que tiene en otros, la forma en que afronta una situación o problema determinado. Es esa persona que tiene problemas con “Raimundo y todo el mundo” pero piensa que el problema principal radica en el mundo y no en ellos.
  • Las manifestaciones descritas suelen aparecer durante la adolescencia o inicio de la etapa  adulta. 

Se estima que entre el 10-13% de la población general tiene un trastorno de personalidad.

¿Qué debo hacer?

Las ideas, emociones e impulsos negativos, pueden afectarnos de muchas formas. Antes que nada, es importante tener claras las motivaciones que nos inviten a querer cambiar. Algunas de estas pueden ser el sufrimiento emocional percibido, la dificultad para resolver situaciones cotidianas, problemas con la pareja, entre otras. Entonces, se debe empezar por entender el origen de aquellas reacciones negativas, para poder modificar la reacción ante ese hecho específico o ante hechos similares a través del aprendizaje  de  patrones de respuesta más estables y adaptativos.

Un buen inicio es el manejo de la atención. Se preguntarán ¿eso qué tiene que ver? Por lo general, cuando experimentamos una emoción negativa, volcamos la atención hacia ideas o pensamientos que mantienen latente dicha emoción, una especie de «feedback negativo» que hace que el malestar crezca y, en consecuencia, el conflicto. Por el contrario, si nos aislamos por un periodo prudente de tiempo (5 a 30 minutos) o desplazamos nuestra atención hacia otra cosa o idea positiva, podremos actuar de manera más calmada, una vez la idea y emoción negativa se hayan disipado. Alternativas al aislamiento temporal  son salir a caminar, trotar o realizar otra actividad física, darse un baño con agua tibia, escuchar la música que te agrade, etc. 

En segundo lugar, las situaciones difíciles o de conflicto, ponen a prueba nuestra autoestima. El trabajo de la autoestima es fomentar las ideas positivas con respecto a uno mismo, así como desvanecer los procesos autodestructivos que pudimos haber heredado o adquirido durante nuestro desarrollo. Cuando una persona no se siente amenazada por alguna circunstancia, no desarrollará reacciones negativas. Sin embargo, si de alguna forma percibimos como amenaza a aquello a lo que nos estamos enfrentando, de esa manera vamos a reaccionar. Las respuestas negativas surgen dependiendo de qué tan capaces o incapaces nos sentimos para afrontar una situación que nos resulta desagradable.

Por último, en el caso de reconocer un patrón de respuesta disfuncional sugerente de un trastorno de personalidad, es importante considerar la evaluación formal por parte de un profesional de la salud mental.

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