Desafíos y Estrategias en Materia de Salud Mental para las Personas Neurodivergentes

En un mundo que gradualmente acoge la diversidad como parte de la realidad humana, las personas neurodivergentes suelen embarcarse en una travesía única hacia la búsqueda de recursos integrales que garanticen su bienestar.

Estos desafíos no solo surgen desde la neurodivergencia per se, sino también desde la coexistencia de múltiples condiciones del neurodesarrollo y la inevitable nube de trastornos psiquiátricos que les acompañas durante las diferentes etapas de la vida.

En esta entrada vamos a explorar brevemente 10 desafíos y estrategias relacionadas con la coexistencia de diversas condiciones del neurodesarrollo, de trastornos psiquiátricos y del acceso a servicios de salud mental adecuados.

1. Complejidad de la Neurodivergencia Múltiple

Las personas neurodivergentes a menudo se enfrentan a la coexistencia de diversas condiciones del neurodesarrollo, lo que complica la delimitación de cada una y el abordaje adecuado de sus necesidades (por ejemplo TEA/TDAH 30%, TEA/TOC 15%, TEA/DI 40%-50%, etc.).

2. Prevalencia de Trastornos Psiquiátricos

La ansiedad, la depresión y otros trastornos psiquiátricos son más frecuentes en personas neurodivergentes, lo que agrava aún más el malestar global y la percepción de calidad de vida.

Matthew J Hollocks et al. 2019. Ansiedad y depresión en adultos con espectro autista: una revisión sistemática y metaanálisis

3. Estigmatización y Falta de Comprensión

La falta de conciencia y la estigmatización en torno a las neurodivergencias pueden llevar a la discriminación y al temor de buscar ayuda.

4. Escasez de Servicios Especializados

La falta de servicios de salud mental especializados en él área para dificulta el acceso a la atención adecuada.

5. Tiempos Prolongados de Espera

Tanto a nivel del sistema de salud público como privado, los tiempos de espera para recibir atención pueden ser largos, frustrantes y favorecer el empeoramiento de una situación prevenible de haber sido atendida más tempranamente.

6. Costo Económico

Los medicamentos y servicios de salud mental suelen tener un alto costo, lo que limita su acceso básicamente a quienes pueden pagarlos.

7. Barreras en la Comunicación

Las personas neurodivergentes con dificultades de comunicación tienen mayor dificultad para expresar sus necesidades pensamientos y sentimientos.

8. Estereotipos y Discriminación en los Entornos Educativo y Laboral

Las ideas preconcebidas sobre las características de las diferentes condiciones, favorecen la discriminación y dificultan el acceso y la permanencia saludable y respetuosa en las escuelas y universidades, entornos educativos especiales y de aprendizaje para la vida, el entrenamiento laboral y el empleo con apoyo o independiente.

9. Apoyo y Salud Mental Familiar

La Red de Apoyo, misma que incluye a la familia, es pilar en el acompañamiento y apoyo de las personas neurodivergentes. La falta de psicoeducación extendida y factores diversos descritos previamente, pueden llevar a la falta de apoyo y afectación de la salud mental de diferentes miembros de la familia, respectivamente.

Scherer, N. 2019.Depresión y ansiedad en padres de niños con discapacidades intelectuales y del desarrollo: una revisión sistemática y un metanálisis

10. Exclusión en la Toma de Decisiones

Las personas neurodivergentes y sus familias suelen ser excluidas de la planificación de políticas públicas y la toma de decisiones que afectan a su atención y Derechos Humanos fundamentales.

1. Educación y Sensibilización

Ejecutar acciones para fomentar la comprensión de la sociedad en general sobre los desafíos y necesidades de la población neurodivergente y la salud mental es esencial para combatir el estigma e involucrar a las autoridades y comunidad en la creación de políticas públicas para la inclusión y satisfacción de Derechos Humanos fundamentales.

2. Servicios de Salud Mental Especializados

Crear plazas o financiar la formación de profesionales que brinden servicios subespecializados específicos.

3. Evaluación Temprana Personalizada

Fomentar el conocimiento para la detección, evaluación y atención temprana u oportuna de las diferentes necesidades.

4. Inclusión en la Toma de Decisiones

Asegurarse de que las personas neurodivergentes tengan voz en la planificación de políticas de salud mental.

5. Recursos Adaptadas

Proporcionar recursos como terapias y tratamientos adaptados a las necesidades individuales.

6. Acceso a la Telemedicina

Ampliar la atención a través de la telemedicina en aquellos casos posibles, para para disminuir los tiempos de espera y proporcionar una atención de calidad también en cuanto a la duración de las citas.

7. Programas de Ayuda Financiera

Ofrecer programas de ayuda financiera y seguros de salud que cubran los servicios de salud mental a personas neurodivergentes.

8. Promover la Comunicación Accesible

Proporcionar alternativas de comunicación para aquellos con dificultades en este ámbito y capacitar al personal encargado, en todos los niveles de atención, para implementarlos.

9. Luchar contra la Discriminación

Implementar políticas de inclusión y adaptaciones razonables en el trabajo y en la educación.

10. Apoyo y Atención Familiar

Capacitar y proporcionar recursos psicoeducativos y para la atención en salud mental de las familias.

Tengamos presente que la salud mental es un derecho fundamental, por lo que abordar los desafíos que enfrentan las personas neurodivergentes en su búsqueda de apoyo, es un paso crucial hacia un mundo más inclusivo y compasivo.

Al trabajar juntos, eliminar barreras y promover la comprensión, podemos asegurarnos de que cada persona y sus familias tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial y disfrutar de una vida plena y saludable.

Juntos podemos construir un futuro donde el acceso a la salud mental sea verdaderamente equitativo y donde cada mente diversa sea valorada y respetada.

CREAR en época de cuarentena

Las medidas de prevención primaria ante la emergencia sanitaria por COVID-19 establecidas por las autoridades nacionales, nos exigen (entre muchas otras cosas) que debemos quedarnos en casa.

Desde principios del mes de marzo pasado hemos tenido gradualmente y cada vez más, que confinarnos en nuestros hogares hasta el punto que, de domingo 5 de abril, fue oficialmente el primer día de cuarentena total para todas las personas, sin distinción, salvo algunas excepciones.

Las calles desiertas también nos recuerdan la probabilidad de que la mayoría de los hogares, se encuentren saturados de niños tristes, ansiosos e hiperactivos… y familiares angustiados y abrumados, más allá de aquellos que han podido, a un mes de confirmado el primer brote, reorganizarse y establecer una dinámica cotidiana integralmente saludable (la minoría).

Sumemos a lo previo, la presencia de un miembro de la familia con alguna condición del neurodesarrollo, lo que representa mayor desgaste y demanda de atención por parte de sus cuidadores, por la elevada posibilidad de que estos tengan déficit cognitivo, problemas de conducta, dificultad para seguir instrucciones y aprender nuevas rutinas, trastornos el sueño, ansiedad y depresión comórbidas, por mencionar solamente algunas probabilidades.

Los Trastornos del Neurodesarrollo (TND) incluyen:

  • Discapacidad intelectual.
  • Trastornos de la Comunicación.
  • Trastorno delEspectro Autista.
  • Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
  • Trastornos Específicos del Aprendizaje.
  • Trastornos Motores .
  • Otros (por ejemplo, aquellos debidos a una causa específica reconocida como los debidos a patología genética, secundarios a epilepsia, por secuelas de asfixia perinatal, etcétera).

Antes de desarrollar las recomendaciones para retomar, lograr y mantener la estructura y salud metal en la actualidad, incluyendo aquellas específicas en el caso de contar con un familiar con algún TND, quiero describirles antes ocho (8) breves mensajes indispensables para ustedes, cuidadores y familiares encargados:

  1. Usted debe estar bien para poder estar bien para otros.
  2. Los niños, jóvenes y personas con algún TND independientemente de la edad, van a reaccionar de acuerdo a los indicios sociales que detectan en las personas que los rodean.
  3. Sigan las recomendaciones de personal idóneo.
  4. Sentir miedo en estos momentos es de esperar, permítase sentir.
  5. El autocuidado de su salud mental es importante para prevenir la aparición o empeoramiento de cualquier malestar emocional.
  6. Manténganse informados sobre la situación actual pero a partir de fuentes confiables (Ministerio de Salud) y limite la búsqueda de esta a máximo dos veces al día y a la misma hora.
  7. Eviten cadenas y pongan límites si la información que reciben les genera malestar, no importa de quién provenga esta.
  8. Reconozca la labor de los profesionales de la salud y de todos los trabajadores y cuidadores que atienden a personas con COVID-19 y el papel que estas juegan en el cuidado también de su salud.

Es momento de CREAR

Con el fin de elaborar y ayudarles a recordar la información, les propongo la nemotecnia CREAR: Comunicar, Rutinas, Emociones, Acceso, Relaciones. Veamos a qué me refiero con cada una.

Comunicar

Durante situaciones de estrés, los niños, adolescentes y en general las personas con déficit cognitivo y/o intelectual (independientemente de la edad), suelen reaccionar con ansiedad excesiva. Esto puede aumentar el apego hacia sus figuras de vínculo y traducirse en una mayor demanda de atención, entre otras conductas. Por este motivo, comunicar información relacionada con el COVID-19 tomando en cuenta la edad y el neurodesarrollo individual, es primordial para brindar contención.

Una estrategia que ayuda a trasmitir y/o reforzar la información, es la elaboración de “Historias Sociales”. Estas son historias individualizadas cortas, que contienen imágenes y/o texto escrito, que se utilizan para aclarar situaciones difíciles o confusas e incluyen una serie de experiencias donde se reflejan señales sociales, su importancia y el guión de lo que se debe o puede hacer y/o decir en un momento dado.

Para realizar una historia social, se debe tomar en cuenta la edad, el desarrollo sensorial y el nivel de lectura del individuo (de contar con esta habilidad) ya que, en ausencia de esta última, se pueden elaborar exclusivamente con imágenes y narrar la misma a manera de cuento. Así mismo, se deben confeccionar en primera persona, usando lenguaje positivo, frases que incluyan información sobre el tema que se desea tratar, los actos que la persona debe llevar a cabo, la explicación sobre lo que puede pasar y, por último, la síntesis sobre lo que tiene que hacer (o sea, el final de la historia).

Accedan a la página web http://www.littlepuddins.ie para que puedan ver el ejemplo de una historia social sobre «¿Qué es el Coronavirus?» y crear la suya.

Podrás también encontrar otro ejemplo de una historia social sobre «¿Cómo mantenerse saludable?» en la página oficial de «The National Autistic Society» http://www.autism.org.uk

Rutinas

Es momento de mantener, reforzar y crear nuevas rutinas. Aparte de que nos ayuda a reorganizarnos ante la pérdida de la estructura previa cotidiana, nos proporciona control de aquello sobre lo que sí podemos tenerlo, en contraste con la incertidumbre que nos genera la existencia del virus y su impacto global, así como las desiciones que tendremos que acatar por indicación de nuestras autoridades ante la emergencia sanitaria.

Aunque estén en casa, es importante mantener las rutinas de horario de actividades pedagógicas; terapias en casa (ocupacional, lenguaje, sensorial, etc.); sueño (levantarse y acostarse a una hora específica tomando en cuenta las horas de sueño recomendadas por grupo de edad https://www.sleepfoundation.org/articles/los-ninos-y-el-sueno), autohigiene y aliño personal (lavarse las manos, bañarse, cepillarse los dientes, peinarse, ponerse ropa que no sea la pijama, etc.); alimentación (comer a las horas usuales y procurar alimentos saludables); actividad física (establecer rutinas de ejercicio y actividades que incluyan movimiento); y ocio saludable (actividades divertidas y del agrado personal).

No debemos olvidar la importancia de administrar el tiempo de uso adecuado de pantallas de acuerdo a las recomendaciones establecidas por organismos internacionales (https://www.aap.org/en-us/about-the-aap/aap-press-room/Pages/American-Academy-of-Pediatrics-Announces-New-Recommendations-for-Childrens-Media-Use.aspx). Si antes les has sido difícil, entonces ahora es el momento adecuado pues cuentan con más tiempo en casa para lograrlo.

Así mismo, aproveche para incorporar responsabilidades dentro del hogar congruentes con la edad como tender la cama, recoger juguetes, guardar los zapatos y la ropa limpia, etc., y de reforzar medidas de higiene básicas , apoyándose en el uso de recursos visuales o pictogramas en secuencia de cada actividad de ser necesario.

En la página web https://www.pictotraductor.com, podrán escribir la frase correspondiente a cada paso de una secuencia (por ejemplo de lavado de manos) para que esta aparezca «traducida» en un pictograma, mismo que después pueden imprimir y ubicar en los sitios estratégicos de sus casas para enseñar y reforzar rutinas.

Por ultimo, trabajar en una agenda semanal de actividades, les permitirá integrar todo lo previo. Cuando se den cuenta, tendrán toda una rutina establecida y habrán utilizado de manera productiva pero también divertida el día, antes de que deban empezar con la rutina de antes de dormir. Dediquen el tiempo para hacerla juntos: buscar las imágenes, imprimirlas, colorearlas, recortarlas, pegarlas, etc., así transforman esta necesidad en una tarea entretenida que hará menos difícil el apego a las nuevas rutinas.

Emociones

Ayude a los niños y adolescentes a expresar sus emociones. El miedo, la tristeza y hasta el enojo, son frecuentes en situaciones como esta, tanto producto de la incertidumbre o desconocimiento sobre lo que está sucediendo, como por las medidas que se implementan y los cambios en sus rutinas. Por esto, como ya mencioné previamente, es importante comunicar.

Entre más temprana la etapa del neurodesarrollo humano, más se «expresan» las emociones a través de la conducta y la alteración de ciclos fisiológicos (sueño, apetito, control de esfínteres). Es así que, por ejemplo, la tristeza y/o ansiedad emergente en niños, puede acarrear la aparición de hiperactividad, agresividad, despertares nocturnos, pérdida del apetito y que empiecen a orinarse en la cama. Lo previo, también puede ocurrir en personas de mayor edad con algún TND como TEA y/o discapacidad intelectual.

La edad y la presencia de una condición que implique barreras de la comunicación y alteraciones cognitivas, entre otros factores, deben ser tomadas en cuenta para optar por recursos lúdicos tales como las imágenes (flash cards, llaveros de emociones), el juego, el dibujo, la lectura de cuentos y ciertas películas. Estos suelen ser utilizados para proyectar emociones, así como una excelente herramienta para hablar de las mismas de una manera natural, sencilla y agradable.

Acceso

El acceso excesivo a información es contraproducente para muchas personas en estos momentos. Primero, como cuidador/familiar a cargo, filtre la fuente y horarios en los que accede a esta con el objetivo de mantener la calma y mitigar su propia ansiedad, para poder así hacer lo mismo por los demás.

En el caso de niños y adolescentes, se recomienda reducir la cantidad de momentos a una vez al día y estar al tanto de la información a la que estos acceden de manera independiente, sobre todo, si les han proporcionado la libertad de utilizar redes sociales y otros medios de comunicación masiva. En estos casos, negocie estar presente para poder así aclarar cualquier duda que pueda surgir y prevenir así la aparición de malestares emocionales.

Dependiendo de la edad y de la existencia de problemas emocionales previos al inicio de la cuarentena (ansiedad, depresión), puede ser necesario la restricción en el uso de redes sociales con este fin, debido a la gran cantidad de información inapropiada para la edad y falsa que también se difunde y que puede generar más ansiedad, desesperanza y la aparición de depresión y hasta ideas de muerte y suicidas.

En contraste, tómense el tiempo de buscar juntos información positiva, sobre las buenas acciones que la pandemia también ha despertado en nuestro paìs y en el mundo, lo que ayuda a estar optimistas y mantener la esperanza.

Relaciones
Procuren que todos los miembros de la familia mantengan relaciones funcionales y positivas entre sí durante la cuarentena. Aprovechen esta oportunidad para establecer o mejorar el vínculo entre cada miembro a través del establecimiento de uno o varios momentos a la semana, para hablar de sus emociones y realizar actividades divertidas en familia tales como juegos de mesa, ver películas, armar rompecabezas, jugar charadas, etc.
Mantengan comunicación periódica través de videollamadas con familiares, amigos y otros seres queridos que se encuentran distantes, esta es una de las grandes ventajas de la tecnología.

Por último, sean compasivos con ustedes mismos; ténganse respeto, amor y paciencia; afronten los retos un día a la vez; háblense bonito… pero, sobre todo: #QuédateEnCasa.

#30DíasConElAutismo #DraMancuso #Psiquiatra #HablemosDeSaludMental #Neurodiversidad #NoAlEstigma #TEActivista

Comorbilidades Psiquiátricas en Personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Es inevitable empezar por mencionar nuevamente ¿Qué quiere decir comorbilidad? Comorbilidad se refiere a «la presencia de enfermedades o condiciones coexistentes o adicionales en relación con el diagnóstico inicial». El lunes pasado, abordé aquellas de tipo médico no psiquiátricas y hoy revisaremos de una manera muy didáctica aquellas psiquiátricas y del neurodesarrollo más frecuentes, sin olvidarnos que pueden presentar muchas otras pero estadísticamente menos frecuentes.

El objetivo de esta breve entrada es que tanto las personas con TEA (que estarán más conscientes de las molestias clínicas de cada trastorno dependiendo de su nivel de desarrollo y grado de funcionalidad), sus familias y todos los profesionales vinculados a la atención de su salud mental, estén anuentes de la posibilidad de que estas coexistan y que muchas veces son las que realmente pueden generar disfunción de grado variable en niños, jóvenes o adultos con TEA previamente funcionales o con mayor nivel de independencia.

Todos los seres humanos, incluso aquellos con una condición como el TEA, presentan un patrón habitual relacionado a diferentes variables que, de existir cambios en este, representan banderas rojas a las cuales debemos prestar atención. Estas se asocian a:

  • EL curso y contenido del pensamiento.
  • Las Habilidades cognitivas (atención, concentración, memoria, etcétera).
  • El afecto y la reactividad emocional.
  • El comportamiento.
  • Los ciclos fisiológicos: control de esfínteres, sueño y alimentación.

A continuación, les dejo algunas comorbilidades psiquiátricas «en números»:

Un texto breve, una forma didáctica de sembrar inquietud y una invitación.

Nos vemos el próximo jueves 19 de abril en un nuevo LIVE a partir de las 7:30 p.m. por mi cuenta de Instagram @dramancuso para que conversemos sobre las características clínicas de cada una de estas comorbilidades, las edades a las que podemos esperar que se presenten, cómo identificarlas y, por supuesto, conectarnos, conversar y orientarlos con respecto a cualquier duda que tengan.

#30DíasConElAutismo #LunesDeBlogDraMancuso /Día16/

Referencias:
  1. Asociación Americana de Psiquiatría. DSM-5. Arlington, VA. 2013.
  2. Amor Salamanca, A. Síndrome de Gilles de la Tourette y TEA: a propósito de un caso. Psiquiatría Biológica. 2009; 16(4): 175-8.
  3. Paula-Pérez, I. Diagnóstico diferencial entre el TOC y los patrones de comportamiento, actividades e intereses restringidos y repetitivos en los TEA. Elsevier, España. 2012.
  4. Dr. Cassidy, S. PhD, et al. Suicidal ideation and suicide plans or attempts in adults with Asperger’s syndromeattending a specialist diagnostic clinic: a clinical cohort study. The Lancet Psychiatry. July 2014. Volume 1, Issue 2, Pages142-147.
  5. Hannon, G., Taylor, E. Suicidal behaviour in adolescent and young adults with ASD: Findings from a systematic review. Clinical Psychology. December 2013.
  6. Matson, J., Williams, L. Depression and mood disordersamong persons with ASD. Research in DevelopmentalDisabilities. September 2014.
  7. Pérez, P. Síndrome de Asperger y autismo de alto funcionamiento: comorbilidad con trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. Revista de Neurología. Madrid, España. 2009.
  8. Reaven, J. The treatment of anxiety symptoms in youth withhigh-functioning ASD: developmental considerations forparents. Brain Research, 1380, 255-263. 2011.
  9. Simonoff, E., et al. Psychiatric disorders in children withASD: prevalence, comorbidity and associated factors in a population-derived sample. Journal of the American Academyof Child & Adolescents Psychiatry, 47(8), 921-929. 2008.
  10. Van Steensel, F., et et. Anxiety disorders in children and adolescents with ASD: A meta-analysis. Clinical Child and Family Psychology, 14, 302-317.
  11. Proal, E., et al. Neurobiology of autism and ADHD fromperspective of neuroimaging: similarities and diffeerences. Revista de Neurología. 2013.
  12. V. Larson, F., et al. Psycosis in autism: comparison of thefeatures of both conditions in a dually affected cohort. British Journal of Psychiatry. 2017.
  13. Romero, M., et al. Psychiatric comorbidities in ASD: A comparative study between DSM-IV-TR and DSM-5 diagnosis. International Journal of Clinical Psychoogy. 2016. 16, 266-275.
  14. Kerns, C., et al. The treatment of anxiety in ASD study: rationale, design and methods. Journal of Child and FamilyStudies. 2016. 25(6), 1889-1902.

Una Princesa Llamada Brianna

«La Princesa sin palabras» es el nombre de un cuento escrito por Cruz Cantalapiedra en el que, a una princesa llamada Martha, un malvado brujo llamado Rett le roba (entre otras cosas) las palabras.

Descrito por primera vez por el neurólogo austríaco Andreas Rett en 1966 al observar dos pacientes con “atrofia cerebral, microcefalia adquirida, hiperamoniemia (concentraciones elevadas de amonio en la sangre) y estereotipias (movimientos repetitivos sin un fin determinado), el Síndrome de Rett (RTT) pasó posteriormente a ser descrito clínicamente de manera detallada, durante la Reunión de la Federación Europea de Neuropediatría llevada a cabo en Norwirherhout (Holanda, 1982), como un “síndrome progresivo de autismo, demencia, pérdida de la capacidad de manipulación” y aparición de estereotipias».

En 1983, Hagberg publicó una serie de 35 casos procedentes de diferentes países (Suecia, Francia y Portugal), a los que denominó como poseedores del RTT y en los que manifestaba se instauraba de manera progresiva “autismo, déficit cognitivo grave, ataxia y pérdida del uso propositivo de las manos y de sus habilidades motoras”, lo que contribuyó a que fuese más reconocido dentro de la comunidad científica de la época.

Casi 20 años después, surgieron los criterios necesarios, de soporte y de exclusión de Baden-Baden (Alemania, 2001) en los cuales reseñaban que, tras un desarrollo prenatal y perinatal “normales”, era evidente la aparición clínica típica o las variantes atípicas del RTT.

Estas variantrs atípicas las conforman: a) La forma congénita (ausencia de un periodo inicial “normal”); b) La de epilepsia precoz (inicio de estas en las primeras 6-10 semanas de vida); c) La de regresión tardía (la fase regresiva ocurría entre los 30 meses y los 3 años de vida); y la forma atípica de d) lenguaje conservado (no perdían completamente el lenguaje o lo recuperaban de manera progresiva entre los ocho y los 10 años de edad).

En la IV Edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV), se incluyó al RTT dentro de los “Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD)” junto con el Trastorno Autista, el Síndrome de Asperger, el Trastorno Desintegrativo Infantil y el TGD No Especificado. Esto debido a la consistencia de algunas alteraciones del desarrollo y de patrones del comportamiento parecidos a aquellos reconocidos en el autismo clásico. Sin embargo, para la 5ta. Edición del mismo manual publicado en mayo de 2013 (DSM-5), dicha categoría se modificó a “Trastorno del Espectro Autista (TEA)” e incorporó todas las formas previamente descritas dentro de este grupo, pero de manera dimensional –y no categórica- con excepción del RTT debido a la naturaleza biológica (genética) identificada del mismo, entrando en el grupo de las condiciones conocidas como “Autismo Sindrómico”.

Abordemos ahora, de forma práctica y resumida, la evolución clínica a lo largo de la vida del Síndrome de Rett en su forma típica. Esta se divide en cuatro etapas:

Etapa I

Conocida como de inicio prematuro, puede durar de pocos meses a más de un año. Inicia generalmente entre los seis y los 18 meses de vida y los síntomas pueden ser tan sutiles, que pueden pasar desapercibidos tanto para los padres como para los médicos. Son evidentes durante esta etapa la disminución del contacto visual, un menor interés por los juguetes, el retraso en el desarrollo motor (sedestación y gateo), “frotamiento” de las manos y desaceleración del crecimiento de la cabeza. Reitero, todo esto no lo suficientemente marcado como para que llame poderosamente la atención.

Etapa II

Conocida como etapa de destrucción acelerada, puede durar semanas o meses y se hace evidente entre los 12 meses y los cuatro años de vida. Durante esta, la condición evoluciona de manera rápida y se van perdiendo las capacidades motoras (sobre todo de las manos) y el lenguaje expresivo. Aparecen los movimientos estereotipados característicos en forma de estrujamiento, temblores, “washing” (movimiento como de lavado de manos), aplauso involuntario, golpes ligeros, así como el llevarse las manos a la boca con frecuencia. Estos suelen persistir mientras la niña (o el niño de ser el caso) se encuentra despierto y desaparecen durante el sueño. Pueden manifestarse alteraciones en el patrón respiratorio durante la vigilia, tales como episodios de apnea o de hiperventilación; regresión de habilidades de la comunicación e interacción social; irritabilidad; patrón de marcha inestable y una desaceleración más notable en el crecimiento de la cabeza.

La Etapa III

También llamada etapa de estabilización, inicia entre los dos y los 10 años de edad y puede durar muchos años. De hecho, es en esta etapa en la que muchas niñas permanecen la mayor parte de su vida. Se caracteriza por la presencia de apraxia (incapacidad para ejecutar movimientos coordinados) y de crisis convulsivas en el 50% de los casos. En contraste, pueden mejorar otros aspectos como la irritabilidad, la tendencia al llanto (o a gritar); pueden adquirir nuevamente ciertas habilidades comunicativas y de la interacción social previamente perdidas (durante la Etapa II); y mejorar la capacidad de atención e interés por el entorno.

Etapa IV

Por último, durante esta etapa conocida como de deterioro motor tardío y que puede durar de años a décadas, lo relevante son las alteraciones del movimiento y de la postura. Puede haber debilidad o rigidez muscular, presencia de problemas posturales, sobre todo, de las extremidades y el “tronco”; y la aparición de escoliosis (curvatura anormal de la columna vertebral), lo que puede llevar a que las niñas pierdan la capacidad de deambular. Así mismo, no existe un deterioro cognitivo mayor, las estereotipias pueden disminuir y puede mejorar también la capacidad de fijar la mirada.

En la actualidad sabemos que RTT es un Trastorno del Neurodesarrollo (TND) descrito como la segunda causa genética que más frecuentemente se asocia a déficit del desarrollo intelectual grave en el sexo femenino, con una prevalencia estimada de 1 por cada 10.000 habitantes. Así mismo, también sabemos que puede presentarse de manera excepcional en el sexo masculino (1% de los casos); que posee como marcador biológico una mutación de un gen conocido como MECP2 (que como ya describí previamente afecta fundamentalmente a niñas) en el 90% de los casos; y que la mutación de CDKL5 es más frecuente en las presentaciones atípicas.

Habiendo descrito todo esto, no voy a entrar en materia sobre el tratamiento médico no psiquiátrico, ni sobre hacia dónde van las terapias modernas, ni mucho menos voy a hablar del pronóstico o expectativa de vida. Por el contrario, quiero retomar algunos aspectos clínicos de las Etapas III y IV que se asocian a uno de los objetivos principales en relación a la atención de personas con discapacidad: La Calidad de Vida. Entonces, recapitulando sobre la evolución del RTT típico tenemos que:

  • En la Etapa III es en la que muchas niñas permanecen la mayor parte de su vida.
  • En la Etapa III pueden mejorar ciertas habilidades comunicativas y de la interacción social, así como la atención e interés en el entorno.
  • En la Etapa IV, no existe un deterioro mayor a nivel cognitivo y puede mejorar la capacidad de fijar la mirada.

¿Por qué creen que resalto estos aspectos? Porque conocer la forma en que evoluciona el Síndrome de Rett ayudará a romper con el estereotipo negativo que surge a partir del evidente deterioro global del desarrollo y contribuirá a que no pasemos por alto el hecho de que, así como el deterioro está predispuesto biológicamente, así mismo lo están el mantenimiento y recuperación de algunas habilidades funcionales para la vida y convivencia.

Como sabemos, la atención integral durante las primera etapas de la vida es irreemplazable, como lo sería en el caso de cualquier niño con cualquier tipo de condición del desarrollo y/o discapacidad, pero debemos también considerar como prioritaria la atención exhaustiva durante la infancia media de las niñas con RTT ya que, evidentemente, existen «canales» y «puertas de entrada» a esa mente, lo que nos ayudará a promover el reaprendizaje y aprendizaje de nuevas destrezas, capacidades y solturas, para que puedan re-conectarse mejor consigo mismos, con los demás y con el mundo.

¿Qué consideraciones, evaluaciones, recursos y abordajes debemos tener presentes? Primeramente, apoyándonos en recursos alternativos para la comunicación, podría resumir mis recomendaciones en 15 sencillos puntos:

  • No olviden que el paciente es la niña o el niño, por lo que es importante que establezcan contacto visual y dirijan su postura, atención y discurso hacia este, pues es la manera de proporcionar un trato digno y respetuoso.
  • Al cumplir el punto (1) estarán incidiendo de manera positiva sobre su autoestima.
  • Adopten una actitud honesta y demuestren afecto de manera genuina, no dude ni un segundo que se va dar cuenta de no ser así.
  • Evalúen las habilidades comunicativas conservadas o “readquiridas”.
  • Evalúen el reconocimiento y expresión (facial) de emociones básicas.
  • Exploren las habilidades y nivel de las habilidades cognitivas que posee (por ejemplo, nivel de atención y cantidad de lenguaje de contar con este).
  • Pónganse a su nivel físico y cognitivo.
  • Proporcionen indicaciones sencillas, en lenguaje positivo, así como respuestas claras.
  • Apóyense en un lenguaje gestual (facial y corporal) histriónico o dramático para reforzar y garantizar los puntos tres a seis.
  • Proporcionen todos los refuerzos necesarios.
  • Procuren estrategias que promuevan el aprendizaje (este siempre es posible, a mayor o menor grado, lento o rápido).
  • De tener la oportunidad, evalúen directamente la ejecución de las actividades que le estén enseñando, cualquiera que esta(s) sea(n).
  • No olviden que la imitación en un recurso de aprendizaje social que puede resultar muy útil en este punto de la evolución del RTT.
  • Promuevan (dentro de lo posible y de manera realista) la toma de decisiones, la autodeterminación, la autonomía y la independencia.
  • Psicoeduquen a TODA la red de apoyo (familia, escuela y sociedad) sobre todo lo previamente descrito.

No deseo terminar sin antes expresar que la presente entrada la escribí con mucho respeto, para honrar a una «guerrerita» llamada Brianna, que cada vez que la veo, me demuestra la existencia de los hechos detrás de la evidencia. Cada foto es una muestra de su capacidad de demostrar y transmitir afecto, atender, comprender, comunicarse, disfrutar, interactuar y aprender. Así mismo, aplaudo el amor, el compromiso, la constancia y el respeto a su dignidad que le otorga su madre. Brianna es una jovencita feliz que agradezco a la vida haberla puesto en mi camino, pues aprendo mil veces más de ella que lo que ella puede aprender de mí.

Que esta historia sea una de las tantas que nos motive como sociedad a convivir naturalmente entre todos, como seres humanos que somos; a rechazar cualquier forma de discriminación; a hablar de los temas que nos competen para romper estigmas y estereotipos negativos; y a brindar siempre esperanza.

Lindo inicio de semana a todos #DraMancuso

Referencias:

  1. Cruz Cantalapiedra. La Princesa sin palabras. España. 2016.
  1. Campos-Castello, J. Síndrome de Rett: 50 años de historia de un trastorno aún no bien conocido. Servicio de Neurología Pediátrica, Hospital Clínico Universitario San Carlos, Madrid, España. Premio Santiago Ramón y Cajal 2006. Actualizaciones en Neurología Infantil, 67 (6/1): 531-542. Buenos Aires, Argentina, 2007.
  1. Pineda, M. y colaboradores. Estudio del síndrome de Rett en población española. Revista de Neurología, 28 (161): 105-109. 1999. España.
  1. Roche Martínez, A. y colaboradores. Síndrome de Rett. Departamentos de Neuropediatría y de Genética Molecular. Grupo de Investigación Molecular y Clínica en síndrome de Rett. Fundación del Hospital de Sant Joan de Déu. Barcelona, España. 2011.
  1. Síndrome de Rett. National Institute of Neurological Disorders and Stroke. Consultado en línea en https://espanol.ninds.nih.gov. Marzo de 2018

La enseñanza basada en las Neurociencias

Erick Hoffer (1898-1983) dijo alguna vez que “en tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje, se adueñarán del futuro”. Este escritor y filósofo estadounidense, se caracterizó por tener una visión original y muchas veces contradictoria a aquellas que imperaban en la época. Si en aquel entonces necesitábamos más mentes como la de Hoffer ¿Qué puedo decirles sobre las necesidades en el presente?

Existe aún la tendencia a pensar que el alumno es quien casi exclusivamente, debe adaptarse al estilo del docente y del sistema educativo, el cual es mayormente “militarizado” (rígido e inflexible) en algunos planteles. Un sistema que exige que los niños tengan habilidades no congruentes con su nivel de desarrollo; que los evalúa a todos de la misma manera, con una escala, con un número; un sistema en el que reinan los juicios de valor y en el que “el mejor”, no es el más creativo, curioso o el que demuestra mayor capacidad de análisis, sino aquel que reprime su pensamiento crítico, acepta todo lo que le dicen y tiene la mejor memoria; un sistema en el que el despliegue de ideas y/o conductas diferentes a las de la mayoría (asociadas o no a una condición o trastorno) es motivo suficiente para devaluar, etiquetar y no necesariamente para ayudar o al menos intentar aprender la manera de cómo hacerlo. Se supone que estamos formando humanos ¿No? No es tarea fácil formar académicamente humanos y menos cuando somos todos tan diferentes. Las paredes que dividen las diferentes ciencias aplicadas a la educación, son cada vez más porosas, por lo que aquellos que piensan hoy y mantengan en su mente la ya desde hace años anticuada idea de que “eso no me corresponde a mí, le corresponde a…” estará (retomo a Hoffer): “preparado para un mundo que ya no existe”.

En un mundo (en todo sentido) en constate cambio, un mundo en el que si comparamos lo que hemos logrado en el último par de siglos como especie, versus los millones de años que nos tomó evolucionar hasta llegar a ser lo que somos hoy (Homo Sapiens Sapiens) nos damos cuenta que hemos evolucionado desmesuradamente y que cada individuo que habita este planeta es único como resultado de la interacción de su base biológica con el ambiente (experiencia de vida), lo que hace que la neurodiversidad sea la regla y no la excepción.

La neurodiversidad, no es más que la diversidad de todos los cerebros y mentes humanas, así como la infinita variación en el funcionamiento que existe dentro de nuestra especie. Este concepto fue utilizado por primera vez por la socióloga australiana Judy Singer (1998), para hacer referencia a la condición que ella misma, su madre y su hija presentan: Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, no fue hasta que Harvey Blume publicara su artículo “Neurodiversity, on the neurological underpinning of Geekdom” ese mismo año en el New York Times, que el concepto se hizo conocido. Utilizado en un principio para describir algunas características particulares propias de las personas con TEA, en la actualidad es un concepto de dominio público que engloba a todos los seres humanos, pues existen aproximadamente siete mil millones de cerebros como personas existen en el mundo.

Tener presente la neurodiversidad llevó a que se robustecieran los esfuerzos dirigidos a investigar e incorporar aquellas ramas de la neuropsicología infantil, tales como la neuropsicología del aprendizaje y la neurodidáctica, en la enseñanza. Esta última (la neurodidáctica) preconcebida por el catedrático de la Universidad de Friburgo, Gerhard Preiss (1988), es lo que se conoce en el presente como Neuroeducación, o sea, la interdisciplina o transdiciplina, que promueve una mayor integración de las ciencias de la educación con aquellas que se ocupan del desarrollo neurocognitivo del ser humano” (Battro).

Que el docente conozca al menos las bases sobre el funcionamiento cerebral, es una herramienta invaluable para mejorar la calidad de la enseñanza, del aprendizaje y de la interacción de ese binomio fundamental docente-alumno, que contempla y reconoce no solo los aspectos cognitivos, sino también la forma en que las emociones, la conducta y el medio ambiente, inciden sobre estos procesos.

Por ejemplo, los docentes deberían conocer que el cerebro es el órgano que define nuestra habilidades y retos, que integra nuestra experiencia, predispone nuestra conducta y que para eso consume entre el 20-27% de la nuestra energía diaria. Los docentes deberían saber que esos siete mil millones de cerebros existentes que ya mencioné, poseen propiedades magníficas como la neuroplasticidad y la resiliencia, la primera, que nos permite aumentar de manera progresiva la capacidad de adaptarnos a nuevos aprendizajes; y la segunda, que nos permite afrontar, evolucionar y sobreponernos tras vivir experiencias traumáticas y adversas. Los docentes deberían aprender sobre cómo cada estructura cerebral tiene funciones primordiales que se van “afinando” y «puliendo» a medida que avanzamos en nuestro desarrollo y que van desde prestar atención, sentir un estímulo, interpretarlo, crear un nuevo recuerdo, evocarlo, reaccionar emocionalmente, comprender lo que nos dicen, hablar, comunicarnos, entender los “códigos sociales”, anticipar, analizar, abstraer, tomar decisiones, planificar, resolver problemas, controlar nuestros impulsos y un largo etcétera… pero que también, la integridad de dichas funciones, dependen del nivel de desarrollo (edad) del alumno y de la ausencia de condiciones del neurodesarrollo como el TEA, TDAH, discapacidad intelectual, entre otras; y la ausencia de cualquier otro trastorno psiquiátrico como la depresión, los problemas de ansiedad excesiva, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y otro largo etcétera.

Sin embargo, considero (sobre todo) que es de suma importancia en la actualidad, que los docentes sepan que si entrelazamos los dos conceptos descritos previamente, neuroplasticidad y resiliencia, con la presencia creciente de alumnos con alguna condición o trastorno psiquiátrico dentro de las aulas (lo que cada vez es más frecuente si nos basamos tanto en aspectos estadísticos de prevalencia de psicopatología, como en el hecho de que debe ser así porque lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26 “Toda persona tiene derecho a la educación”) estarán ante seres humanos en desarrollo que poseen la capacidad innata de aprender, de mejorar, de salir adelante y procurar la adaptación, independientemente de su condición o trastorno, pero que para que esto sea posible, deben estar rodeados de un entorno que acoja y respete su neurodiversidad y de docentes con la disposición de individualizar la enseñanza y promover un ambiente educativo cordial, que lo motive, le produzca placer ir y, por lo tanto, ganas de aprender; así como también deben contar con familias comprometidas, consistentes y democráticos en su disciplina, que procuren el establecimiento y mantenimiento de hábitos de vida saludables relacionados con la calidad y cantidad de sus alimentos y horas de sueño (sobre todo nocturno); la ingesta de agua; la realización de ejercicio físico, el desarrollo de rutinas de ocio y el uso no perjudicial ni abuso de dispositivos electrónicos.

Los avances científicos y los estudios durante las últimas décadas sobre la neuroeducación, nos han llevado a conocer profundamente la relación funciones-estructuras cerebrales y a comprender los procesos neurocognitivos en las prácticas pedagógicas. Antes “se conocía muy poco sobre el desarrollo de la capacidad docente del ser humano, que lo distingue claramente de las otras especies” (Battro). La puesta en marcha de estudios relacionados con “el cerebro que enseña y el cerebro que aprende”, han demostrado que el ser humano y solamente el ser humano, es capaz de “enseñar, transmitir y acrecentar los conocimientos de una generación a la otra”, así como que la interacción entre el maestro y el alumno “son de enorme interés, ya que el maestro puede ser otro alumno”, o sea, que “los alumnos también enseñan” (Sigman). Esto lo demostraron, utilizando registros simultáneos de la actividad cerebral en niños y adultos en situación de enseñanza-aprendizaje, en un ambiente escolar con ayuda de equipos portátiles de imágenes cerebrales.

Es idealista pensar que todos los docentes del país (y del mundo) deseen y puedan incorporar las neurociencias con el objetivo de mejorar su modelo de enseñanza y el aprendizaje de los alumnos. Si agrego además la premisa previamente descrita sobre que tengan la apertura de transformarse en “alumnos” y aprender de cada situación, vamos a llamarle «compleja», que se les presente, es prácticamente una utopía… la huella narcisista sería demasiado profunda.

Por eso la invitación a que vean cada conducta retadora como motivación para investigar, formarse (de manera autodidacta y formal), para “ejercitar” habilidades tales como la empatía y la paciencia, así como para aprender estrategias nuevas que le permitan afrontar esos retos, sin olvidar que todo niño y adolescente “es un síntoma”, o sea, que posee detrás una realidad biopsicosocial y que su conducta es la forma en que la pone de manifiesto.

Para terminar, les dejo el enlace a una entrevista disponible en YouTube realizada por el Licdo. Jorge Isaac en el Noticiero Matutino SERTV al respecto.

Que tengan un excelente y saludable inicio de ciclo escolar 2018.

Link: https://youtu.be/hXiOtEsHP7E

Referencias
  1. “Meet Judy Singer Neurodiversity Pioneer”. Consultado en línea en http://www.myspectrumsuite.com. Febrero de 2018.
  2. Arévalo, G. “Neurodidáctica y educación. Una aproximación desde las humanidades.
  3. Battro, A. “Los Ciclos de la Neuroeducación, un recorrido personal”. Treinta años de educación en democracia, 1984-2014. Academia Nacional de Educación, Buenos Aires, pags: 173-192. 2014.
  4. Sigman, M. “El cerebro que enseña y el cerebro que aprende”. Laboratorio de Neurociencias Integrativas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires. 2012.

Te odio con todo mi cerebro

“Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien”.

Martin Luther King

Amplio es el repertorio de emociones que puede experimentar el ser humano. Aquellas conocidas como emociones primarias o básicas (alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa, asco), van acompañadas de patrones de respuesta facial, vocal, motoras, fisiológicas (endocrinológicas), que se pueden reconocer independientemente de la raza y cultura a la que pertenece el individuo. El otro gran grupo de emociones, las secundarias, dentro de las cuales se encuentran la envidia, la culpa, la vergüenza, el odio, etc., involucran un componente cognitivo mucho más complejo, en el que el contenido del pensamiento tiene una base experiencial inalienable, evolucionando así a lo que conocemos como sentimiento.

Es inevitable hacer una breve introducción sobre algunos aspectos básicos relacionados con las emociones, por lo que me apoyaré en el neurocientífico estadounidense Joseph E. LeDoux, cuyas investigaciones se centran en los fundamentos biológicos de la emoción (especialmente los mecanismos cerebrales relacionados con la ansiedad y el miedo) y la memoria. Este nos sugiere tener presente tres principios. En primer lugar, que detrás de aquello que llamamos emoción o sentimiento, se encuentra una serie de procesos neurológicos y mecanismos cognitivos distintos para cada una de ellas. En segundo lugar, que los mecanismos cerebrales de conducta emocional como los que se ponen en marcha, por ejemplo, durante el miedo, tienen un origen primitivo y aún los conservamos pese a los millones de años de evolución de nuestra especie. Así mismo, las emociones juegan un rol muy importante en la determinación de conductas futuras y sus trastornos pueden dar lugar a graves alteraciones del comportamiento. Por último, en tercer lugar, tenemos que no debemos asumir que los componentes conscientes de las emociones son más importantes que los inconscientes ya que estos últimos, surgieron como mecanismos de supervivencia de la especie a través de la evitación del peligro, la obtención del alimento y la reproducción.

Pero, en la actualidad, en este punto de la evolución en el que nos encontramos ¿Qué funciones tienen las emociones humanas?

Todas las emociones tienen alguna función que les confiere utilidad y permite que el individuo ejecute conductas apropiadas de manera eficaz. Inclusive, emociones que pudiesen considerarse como desagradables, tienen el objetivo de promover el “ajuste” a nivel personal. Las emociones tienen tres funciones principales (Reeve, 1994):

  1. Función adaptativa, para preparar al organismo para que ejecute apropiadamente cualquier conducta que le exija el entorno, movilizando en el proceso, la energía necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercarse o alejarse) hacia un objetivo determinado.
  2. Función Social, que permite predecir el comportamiento asociado a las emociones a través de la expresión de estas, lo cual tiene un valor indiscutible en todos los procesos de relación e interacción interpersonal. De manera didáctica, la felicidad favorece los vínculos sociales mientras que el odio está asociado a respuestas de evitación o confrontación que los entorpecen.
  3. Función Motivacional, ya que no podemos negar la íntima relación existente entre la emoción y la motivación y la experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posee las dos principales características de la conducta motivada: dirección e intensidad.

En el caso del odio, su función motivacional es clara, sin embargo, es desadaptativa y socialmente un recurso ineficaz. Demos paso entonces a lo que considero uno de los grandes males de nuestra época.

Según Mora (1998), el término odio hace referencia a un “sentimiento negativo o de rechazo que un individuo experimenta como resultado de sus frustraciones y que tiende a experimentarse de manera intensa e incontrolable, despertando en las personas que lo experimentan, una profunda antipatía, disgusto, aversión, antagonismo o repulsión hacia un sujeto, cosa, situación o fenómeno”. Esto las lleva a tener la necesidad de evitar, limitar o destruir aquello que se aborrece (Kaminsky, 1990) y a una tendencia natural e histórica hacia la violencia (Colina, 2010).

En esta misma línea, podríamos decir que el odio surge a partir de la percepción de la existencia de un obstáculo o de una amenaza que impide conseguir un recurso que se considera requisito para cubrir una necesidad o una carencia o para evitar alguno de los previos, así como niveles de miedo que siempre llegan asociados y que interfiere con la posibilidad de sobrevivir en paz y equilibrio o de adaptarnos con éxito a las condiciones de vida biológicas y psicosocioculturales en las que nos encontramos inmersos (Valdez Medina, 2009). En otras palabras, el odio puede surgir a partir de que algo interfiere, se interpone, dificulta o impide que se llegue al total cumplimiento de una expectativa, o bien, cuando se ve alterada o amenazada la posibilidad que tenemos de adaptarnos o de mantener con éxito el estado de paz o equilibrio en el cual es más cómoda nuestra supervivencia biológica y/o psicosociocultural.

Sin embargo, hay que estar atentos al curso que toma el odio en nuestra vida personal y en el comportamiento social (como pilar en el movimiento de masas) ya que si no se atiende a tiempo, puede mutar y convertirse en un resentimiento que tiende cada vez más a generar conflictos a nivel personal e interpersonal y hasta a la afectación de la salud mental y física. Así mismo, se corre el riesgo que, al igual que con la culpa, pueda llegar a utilizarse como una forma de control social debido a que aquel que odia, es probable que sienta, perciba o hasta logre cierto poder sobre aquello que odia, esto último a través de recursos como la humillación y la devaluación, entre muchos otros.

Un interesante estudio descriptivo llevado a cabo en la Universidad Autónoma del Estado de México, que contó con una población homogénea de acuerdo al género de 400 estudiantes universitarios entre los 17 y los 23 años, reveló que tanto hombres como mujeres, definieron el odio como “un sentimiento de carácter negativo, una situación desagradable que genera rencor y que puede llegar a ser expresada o reprimida. De igual forma, plasmaron a través de la aplicación de instrumentos estandarizados ¿Qué pensaban que conseguían las personas al odiar? Tanto hombres como mujeres describieron obtener “satisfacción”, “daño”, “soledad”, capacidad de “expresarse”, de “cubrir una necesidad”, «problemas», «capacidad de “agredir”, “sentimientos negativos”, “malestar físico y mental», etc. Al momento de concluir las diferencias entre ambos sexos, se encontró que los hombres consideraban que conseguían “protección” y la capacidad de “hacer daño a otros” como una forma de “representar su fuerza”, mientras que las mujeres percibieron que sentir odio las podía “autodestruir” y “verse rechazadas por los demás” (Valdez Medina y cols., 2008).

Debido a que el odio está cargado de una “profunda antipatía, aversión, disgusto, enemistad o repulsión hacia una o más personas, cosas, situaciones o fenómenos a los que se quiere evitar, limitar o destruir, genera un deseo de destrucción del objeto odiado (Salecl-2002, Castilla del Pino-2002; Rodríguez-2003), que pudiese estar desencadenado por algo considerado tal vez injusto, por una herida narcisista, por una situación traumática o hasta inexplicable, que activa “algo” que ya está predispuesto en cada individuo, convirtiéndose así en un problema cultural en el que el “ejercicio” del odio y la práctica de conductas asociadas, se generaliza y detonan como resultado de algo percibido como “ofensa”, sea mínima o sea a gran escala.

Entonces ¿Por qué odiamos los humanos?

Pese a que muchas personas aún dudan cómo incide la biología sobre el control de nuestra conducta violenta, los estudios actuales afirman que se trata de una combinación e interacción entre el medio ambiente, la evolución, las experiencias y la psique resultante.

El circuito neurológico del odio, fue descubierto en el año 2008 y su ruta por el cerebro, curiosamente, atraviesa otras emociones. Sin embargo, no se olviden de lo que comenté al principio, el odio también es aprendido y originado por el entorno, impulsado por nuestra evolución y acrecentado de acuerdo a estándares socioculturales. El estudio fue realizado por el profesor Semir Zeki y John Romaya (Laboratorio Wellcome de Neurobiología del Colegio Universitario en Londres). Analizaron las áreas del cerebro que se relacionan con el sentimiento de odio y demostraron que dicho circuito es distinto a los relacionados con el miedo, la amenaza y el peligro a pesar de que coincide en una parte con la agresión. El circuito también es muy distinto al asociado con el amor romántico, aunque comparten al menos dos estructuras comunes. El “circuito del odio” incluye estructuras en la corteza y subcorteza cerebral y tiene componentes que son importantes en la generación de conductas agresivas. Es interesante que la ínsula y el putamen (Figuras 1 y 2 ) se activen tanto para el amor romántico como el odio. Esta última estructura, también podría estar involucrada en la preparación de actos agresivos en un contexto romántico, la diferencia es que, mientras con el amor grandes partes de la corteza cerebral asociada con el juicio y el razonamiento se desactivan, con el odio sólo una pequeña zona, situada en la corteza frontal (cerebral), lo hace. Pero mientras que en el amor romántico el amante es a menudo menos crítico con respecto a la persona amada, es más probable que en el contexto del odio se necesita un juicio en el cálculo de movimientos para hacer daño, herir o vengarse.

Muchos factores biológicos y genéticos, pueden también depender de las condiciones ambientales o sociales. De hecho, existe mucha evidencia que revela que precisamente esos factores biológicos, pueden minimizarse bajo ciertas condiciones ambientales, por lo que el estudio de la evolución puede brindarnos luces sobre los orígenes de ciertos fenómenos. Los científicos en el área indican que la supervivencia y la reproducción producen la competencia entre mamíferos. En aquel entonces, competían por liderazgo en el grupo (ser el macho o la hembra alfa), conseguir la mejor pareja y asegurar la copia de los genes. Es una forma básica de describir nuestros primeros pasos por el planeta, un recorrido que compartimos con las demás especies. Sin embargo, nuestro pasado no es el presente, sólo nos ayuda a entenderlo mejor y quien se queda varado en el pasado, le costará entender y adaptarse a la realidad presente. Al final, no existe biología sin el medio ambiente, son dos elementos que se nutren mutuamente y de manera constante.

En el presente, nuestra especie (el Homo Sapiens Sapiens), se caracteriza por ser sociable y por poseer la capacidad de crear culturas. Pero cuando es poseída por el odio, es entonces que podemos hablar del crímenes, de dictadores y tiranos que asesinan a millones de personas, de grupos que se oponen a otros grupos por diferentes motivos como por su color de piel, su religión, nacionalidad, identidad u orientación sexual, entre otros incontables motivos. Es por esto que surgió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, precisamente, para garantizar libertades y seguridad a todos los seres humanos. Sin embargo, persiste un peligroso desequilibrio en el mundo

¿Hace daño sentir odio?

El papel que tienen las emociones negativas como en odio, tanto en la génesis como en la evolución y establecimiento de una enfermedad, ha sido objeto de estudios durante años. La evidencia científica demuestra que los procesos emocionales (negativos) son capaces de generar alteraciones graves a nivel del sistema inmunológico, cardiovascular, endocrinológico, ciclos fisiológicos y vías del dolor, por mencionar algunas, y ha quedada establecida la etiología de base emocional de ciertas enfermedades con trastornos psicofisiológicos como los previamente descritos.

Mantener latente al odio a nivel cognitivo, emocional y conductual; tener presente precisamente las ideas de degradación e intimidación, los prejuicios negativos y los impulsos violentos (de todo tipo) hacia el otro, que se revelan como “discurso de odio” y se transmite de manera verbal, escrita, a través de medios de comunicación, redes sociales, etc., por motivos de raza, género, edad, etnia, nacionalidad, religión, orientación sexual, identidad de género, discapacidad, lengua, opiniones políticas o morales, estatus socioeconómico, ocupación, apariencia, capacidad mental y cualquier otra elemento de consideración… genera estrés crónico. Descrito de manera simple:ENFERMA, enferma a quien lo siente.

Tras el escudo de la “libertad de expresión”, muchas personas expresan ideas que ofenden a una parte de la sociedad. Por esto, las sociedades democráticas, pueden optar por establecer sanciones a aquellos que justifiquen, propaguen y explícitamente incitan la comisión de actividades delictivas específicas, las cuales involucran alguna forma de violencia la mayoría de las veces.

Para terminar, analicemos el fenómeno social del Odio

Históricamente, el odio es un sentimiento complejo que ha impulsado tanto actos heroicos como malvados en humanidad, dirigidos hacia un individuo, una sociedad o un grupo (considerado minoritario o “vulnerable”) dentro de esa misma sociedad. El nacimiento y evolución del odio como delito, ha estado determinado por tres factores: 1) La presencia de una aversión discriminatoria; 2) Las necesidades preventivas de los colectivos vulnerables; y 3) La defensa de los supuestos valores de la comunidad puestos en cuestión. Estos factores han modificado progresivamente el concepto de odio a efectos penales y dado lugar a subgrupos de delitos de odio que, tristemente, son frecuentes en todo el planeta.

Sternberg & Sternberg (psicólogos cognitivos) hacen referencia a las historias de odio en su libro “La Naturaleza del Odio»: <<¿Por qué empleamos el concepto de historia? Pues porque en nuestra opinión, toda historia está asociada con una serie de sucesos anticipados. La cuestión clave es que la amenaza representa una historia dinámica y no simplemente una imagen estática>>. Agregan que los sucesos anticipados que conducen al odio probablemente no difieren tanto, pero que la cadena de sucesos anticipados tiene cinco etapas:

  1. El grupo odiado se revela como un anatema (maldición) aunque en algunos casos, los sucesos que llevaron a que ese grupo fuera marcado, tal vez nunca ocurrieron o quizá simplemente han sido imaginados, como ocurre cuando forman parte de una historia oral de dudosa validez.
  2. El grupo odiado planea acciones contrarias a los intereses del grupo ya que, cualquiera que sea el problema, este ya no es de naturaleza histórica sino actual y, en el proceso, se manipula para que se odie a miembros del grupo que está en el punto de mira.
  3. El grupo odiado hace sentir su presencia al aparecer de modo significativo en escena, se está haciendo fuerte.
  4. El grupo odiado traduce los planes en acciones conscientes de que la fase de planificación ha terminado; se encuentra traduciendo el pensamiento en acción, convirtiéndose de este modo en una auténtica «amenaza» y no solo hipotética.
  5. El grupo odiado está logrando cierto éxito en sus objetivos y en función de tales sentimientos, se convierte en una fuerza que debe ser tomada en consideración.

¿Les suena familiar? ¿En qué punto estamos en esta escalada del odio y sobre qué temas en nuestra sociedad?

Referencias
  1. Fuentes Osorio, J.L. El odio como delito. Revista Penal de Ciencia Electrónica Y Tecnología. 2017
  2. Sternberg & Sternberg. La naturaleza del odio. Paidós Contextos. España. 2010.
  3. Comprender y luchar contra el discurso del odio. United for Intercultural Action. European Network.
  4. Bucchioni, G., Lelard, T., Ahmaidi, S.,Godefroy, O., Krystkowiak P., MourasH. Do We Feel the Same Empathy for Loved and Hated Peers? PLOS ONE 10(5). 2008.
  5. Zeki, S. Romaya, J.P. Neural Correlates of Hate. PLOS ONE 3(10). 2008.
  6. Mariano Chóliz. Psicología de la emoción: el proceso emocional http://www.uv.es/=choliz.
  7. Valdez Medina, J. Significado, función y solución del odio en jóvenes: un análisis por sexo. México. 2008.
  8. Belmonte Martínez, C. Emociones y Cerebro. Rev. R. Acad. Cienc. Exact. Fís. Nat. Vol. 101, Nº. 1: 59-68.VII Programa de Promoción de la Cultura Científica y Tecnológica. España. 2007.

Breve reflexión sobre la percepción de libertad

Conquistar la percepción de libertad a nivel personal, es quizás una de las tareas más difíciles que existen (si no es que la más difícil). Involucra la sensación de que somos capaces y tenemos el control para elegir de manera consciente e informada, lo que deseamos hacer con nuestra vida, lo que incluye explotar al máximo nuestro potencial, cumplir nuestras metas personales y sociales (cualesquiera que estas sean) y hasta lograr trascender en el mundo tras nuestro paso por la tierra.

Un porcentaje de los seres humanos asume que “bajo condiciones normales”, son capaces de razonar y elegir libremente lo que hacen; suponen que todos sus actos tienen causas que los determinan, o sea, creen en el libre albedrío… en esa potestad de actuar según elijan, en la libertad natural de tomar sus propias decisiones.

Otros, en cambio, tienden (en mayor proporción) a atribuir dichos actos a presiones, necesidades, a la suerte, al destino o hasta al poder que ejerce un ser superior. El miedo, la ansiedad, la culpa, el remordimiento, podrían ser algunos de los elementos que revelan a estos individuos que son poseedores de un estado de libertad, en el que todas las decisiones y consecuencias de estas, son responsabilidad absoluta de ellos, por lo que delegar consciente o inconscientemente, parcial o totalmente la responsabilidad a un ser superior supremo, definitivamente les brinda contención y los limita de hurgar en sí mismos antes de juzgar un acto personal o el actuar de otras personas, como bueno o malo.

Desde hace siglos ha existido la sospecha de la presencia de determinantes más profundos capaces de regir la libertad humana, tema previamente acaparado principalmente por la filosofía pero que, en nuestros tiempos, es también terreno de las neurociencias y que podría enfocarse en nuestra capacidad para tomar decisiones, por lo que vale la pena reflexionar brevemente al respecto.
En términos biológicos, “la libertad solamente puede concebirse en el marco de la relación recíproca del organismo con el mundo que lo rodea”. Así lo plantea el Dr. Joaquín Fuster, catedrático de Neurociencia en la Universidad de California, en su libro Cerebro y Libertad. En este describe que, independientemente de hacer una cosa u otra, en ambos casos se trata de una elección, “incluida la opción de hacer nada”. Esta capacidad humana de tomar decisiones depende principalmente de una región del cerebro conocida como corteza (sobre todo la corteza prefrontal) que es la que más “finamente” nos permite adaptarnos al entorno, sin olvidarnos (como describí antes) que son muchos los factores que determinan las decisiones que tomamos, como la memoria producto de las experiencias previas, las emociones asociadas a estas, pero también la memoria producto de años y años de evolución.

Esta libertad de elegir nos permite formar e “inventar” el futuro, a mediano y largo plazo, pero es una libertad predeterminada tanto por los genes y la propia historia, como por las experiencias pasadas. Cabe agregar en este punto que buena parte de esas decisiones son inconscientes, pero alguna vez fueron conscientes y ampliamente racionalizadas, antes de “automatizarse” y surgir prácticamente de manera instintiva.

Nos encontramos entones «haciendo cosas sin saber por qué» y le llamamos destino. Sin embargo, si se analizan, encontraremos razones totalmente lógicas por las cuales fueron tomadas desde un principio. ¿Se imaginan si no fuera así? Me refiero a que las decisiones no se tornaran automáticas y que tuviésemos que razonar una y otra vez la misma disyuntiva antes de actuar? La vida consiste en una toma constante de decisiones cotidianas: a qué hora levantarse, qué desayunar, qué vestir, a donde ir, con quien ir, etcétera.

¿Toma entonces el ser humano decisiones libres, completamente ajenas a su entorno, a sus experiencias previas, sometidas por un ser superior o estrictamente al azar? ¿O tendríamos que ceder el análisis de este dilema y la búsqueda de la respuesta más sensata a disciplinas como la psicología, la psiquiatra y la neurología?

Al final, en un sentido práctico y consciente, alcanzar tu libertad dependerá de la conquista de tus sueños, anhelos y metas, pero contando con el bálsamo que te brinda el aplauso y la aprobación de un entorno (sociedad) que ha decidido apoyarte por considerar tus desiciones como buenas o adecuadas, de acuerdo a sus creencias, valores y prejuicios, y no necesariamente por respeto a tu persona.

En contraste, existirá aquel que percibirá trunca su libertad plena, gracias precisamente a esos prejuicios y críticas incisivas que al otro liberan; que siente que tienen que luchar (una lucha justa) por el respeto de su identidad y sus decisiones de vida y que, si ya está haciendo eso, es porque ha conquistado la más importante de todas las libertades: la interior.

Referencias:
1. Dr. Diego Arellano. Ser Humano y Libertad. Departamento de Psiquiatra y Salud Mental. Hospital Regional de Concepción. Chile. Consulta en línea en http://www.psiquiatriaysaludmental.udec.cl (febrero de 2018).
2. Dr. Felipe Roa. Concepto de Libertad y Angustia. Departamento de Psiquiatra y Salud Mental. Hospital Regional de Concepción. Chile. Consulta en línea en http://www.psiquiatriaysaludmental.udec.cl (febrero de 2018).
3. Roger Bartra. Ensayo sobre la moral, el juego y el determinismo. Cerebro y Libertad. Mèxico. 2013.
4. Joaquin M. Fuster. Neurociencia y Libertad. Semel Institute for Neuroscience and Human Behavior. University of California.

El suicidio no tiene rostro

La prevención en Salud Mental, al igual que en cualquier otra disciplina médica o ligada a la salud, existe. En el caso del suicidio no es diferente. La palabra SUICIDIO sigue siendo fuerte para muchos, un tema tabú; una palabra difícil de pronunciar, sobre la cual es mejor no hablar o preguntar. El solo hecho de escucharla, genera en muchas personas gran malestar y, en muchos otros, la oportunidad perfecta para juzgar o mofarse del afectado. Es un problema de salud individual y pública, que puede afectar a cualquier persona en algún momento de su vida.

La OMS describe al suicidio como «un drama EVITABLE que sucede cada 40 segundos en alguna parte del mundo y afecta cada año a más de 800,000 personas, más que las víctimas de guerra o catástrofes naturales», sin olvidarnos que las guerras y catástrofes naturales «son lo de hoy». Por eso, es fundamental aprender a identificar, en uno mismo y en otros, aquellos factores que aumentan o disminuyen el nivel de riesgo suicida, mismo que  aumenta proporcionalmente con la cantidad de factores presentes. La estimación del riesgo suicida se realiza mediante el juicio clínico del profesional, valorando los factores que concurren de modo particular en cada persona, en un momento determinado de su vida y ante eventos estresantes específicos.

Más allá de que se han reconocido factores genéticos y biológicos en la población general relacionada a la conducta suicida -como la disfunción del sistema serotoninérgico a nivel neurológico- es valioso aprender a reconocer de manera práctica, aquellos factores de riesgo conocidos asociados al suicidio y que varían de un individuo a otro. Cada caso, proviene de historias y circunstancias personales, sociales y médicas muy diferentes, por lo que suelen clasificarse en modificables (aquellos relacionados con factores sociales, psicológicos y psicopatológicos que pueden modificarse clínicamente) e inmodificables (aquellos relacionados al sujeto o al grupo social al que pertenece y se caracterizan por su mantenimiento en el tiempo).

A nivel individual, los FACTORES DE RIESGO más frecuentemente identificados incluyen la presencia de trastornos psiquiátricos tales como la depresión mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, los trastornos de ansiedad, el abuso y dependencia de alcohol y drogas y los trastornos de personalidad límite y antisocial principalmente; la edad, demostrando la evidencia que a lo largo de la vida, son los adolescentes y los adultos mayores( tasas de suicidio tres veces mayor a los adolescentes) los que más intentan y concretan el suicidio; en cuanto al género, los hombres lo consuman más mientras que las mujeres lo intentan más; la presencia de enfermedad física o discapacidad, sobre todo, cuando existe dolor crónico, pérdida de la movilidad, entre otros. La historia familiar de suicido; la experimentación de hechos traumáticos, incluyendo violencia física, sexual y acoso; el escaso apoyo social y familiar; la pérdida del trabajo, pobreza y el bajo nivel educativo, entre muchos otros, son factores de riesgo familiar y «situacionales» que presentan las personas con este tipo de conductas.

En contraparte, tenemos los FACTORES PROTECTORES, o sea aquellos que disminuyen la probabilidad de un suicidio en presencia de factores de riesgo, dentro de los cuales están: la habilidad para la resolución de conflictos; niveles positivos de autoconfianza;relaciones interpersonales y sociales eficaces; la flexibilidad cognitiva; tener hijos (en el caso concreto de las mujeres); adecuado apoyo familiar y social; integración social; marcada espiritualidad (no solamente religiosidad); acceso a recursos para atender trastornos mentales, la enfermedad física y la dependencia de sustancias, en el caso de los pacientes con alguno de estos problemas.

Estimar el riesgo suicida en un individuo resulta difícil, ya que no existen indicadores específicos o factores de riesgo que tengan un valor predictivo en sí. A nivel profesional, la entrevista clínica es la forma de evaluarlo, además de que supone el inicio de la interacción y relación médico-paciente en muchos casos, por lo que es primordial en la reducción del riesgo suicida. Sin embargo no debemos olvidar el rol primordial que juega la familia y la sociedad como «ente regulador» de este fenómeno que va en ascenso. En palabras de Durkheim (considerado el Padre de la Sociología): «cuando la sociedad está perturbada por crisis dolorosas, es incapaz de realizar su acción reguladora  y asciende la curva de suicidios.» Las necesidades del ser humano no dependen del cuerpo solamente, tiene también otro tipo de necesidades que se traducen en cantidad de bienestar, confort, aprobación y reconocimiento, todas circunstancias que una sociedad saludable y resiliente puede garantizar, sin olvidarnos de que para llegar a esto, cada uno de sus miembros debe fortalecer su integridad física y emocional para hacer frente a todos los retos y constantes cambios a los que se enfrenta la sociedad actual.

 

 

 

 

Sobre la Personalidad y sus Trastornos

 

¿Quién no ha escuchado esta máxima? En el sentido psicológico implicaría “mirar para atrás” y lograr de esta manera entender por qué actuamos de cierta forma, explorar todo lo vivido desde pequeños para que nuestro presente cobre sentido, para entendernos. Sin embargo, contradictoriamente el verdadero objetivo de esta propuesta que data desde la antigua Grecia, era el de invitar a las personas a  reflexionar  pero con un propósito futuro; concluir cómo la manera de pensar, lo que uno dice y  hace definitivamente impacta el presente pero, aún más importante, cómo impacta el futuro, para poder así reconocer todo aquello que debemos modificar para ser mejores. Pero si no soy capaz de llevar a cabo esta introspección ¿Cómo pretendo lograr un equilibrio? ¿Cómo puedo tener dominio sobre mi propio ser?

Debemos prestar atención a la forma en que reaccionamos ante las situaciones estresantes de la vida, qué pensamos en ese momento, cómo nos sentimos, cómo nos comportamos, pero no solamente hacia los demás, sino también hacia uno mismo. Puede ser que una situación específica nos lleve a pensar que “equis persona no me quiere”  pero ¿qué pienso y siento por mí mismo al momento de llegar a esa conclusión? Esa idea puede generar estados de estrés negativo o positivo (sí… el estrés positivo existe) y en vez de pensar que «fui un tonto” y sentirme triste, piense “de qué me sirve tener cerca a una persona que no me quiere” y agradecerle a la vida por quitármela del camino.  Si ante el mismo hecho o ante situaciones similares tiendo a tener el mismo patrón de respuesta negativa ¿cómo pretendo que las cosas cambien si reacciono siempre de la misma manera?

Sin embargo, más allá del esfuerzo voluntario de cambiar una idea negativa por otra positiva para, en consecuencia, modificar la cascada de respuesta emocional y conductual que esta genera (premisa básica de la terapia cognitivo conductual) en ocasiones, ciertos patrones desadaptativos de respuesta (psíquicos, afectivos y conductuales) podrían estar definidos por una fuerza mayor, mucho más difícil de controlar. La búsqueda para comprender profundamente la personalidad humana, ha evolucionado desde el siglo IV A.C., cuando por primera vez Hipócrates describió cuatro tipos de temperamentos relacionados a cuatro humores corporales distintos (bilis amarilla=colérico, bilis negra=melancólico, flema=racional y sangre=valiente); pasando por las primeras descripciones no patológicas y patológicas de la personalidad; hasta las teorías actuales descritas gracias a los avances de las neurociencias.  Esta disciplina se ha encargado de esclarecer la relación que existe entre las estructuras del sistema nervioso y fenómenos funcionales como caminar, hablar, reír, llorar, etc.  Gracias a esta, se han podido explicar algunos de los procesos biológicos detrás de  los distintos tipos de personalidad y sus perturbaciones.

Es que “yo soy así”

¿Cómo eres realmente? ¿Te conoces? Antes de elaborar brevemente los diferentes tipos de personalidad descritos en la Quinta Edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) es importante dejar claros algunos conceptos y reforzar también la base biológica de nuestra personalidad.

¿Se nace o se hace la personalidad?

Ambos aspectos son ciertos. Nuestra personalidad resulta de la interacción entre todo aquello que biológicamente nos constituye y el ambiente. Con esto me refiero a que aunque la experiencia va modelando nuestra forma de ser, estudios afirman que el 52% de nuestros rasgos de personalidad se lo debemos a la herencia (genética).

¿Qué es la personalidad?

Por personalidad nos referimos al patrón persistente de rasgos cognitivos (curso y contenido del pensamiento); afectivos y conductuales, hondamente arraigados y ampliamente utilizados por un individuo en todas las áreas en lasque se desenvuelve. El aspecto central para definir el tipo de personalidad que tenemos, gira en torno a la forma en que afrontamos las diferentes situaciones que se nos presentan de manera cotidiana. Este patrón de afrontamiento define los rasgos de nuestra personalidad.

En la actualidad se reconocen 10 diferentes tipos de personalidad, agrupados en tres grandes grupos, con base en ciertos rasgos similares ¿te parece si tratas de reconocer en cuál encajas?

  1. Los raros y excéntricos
  • Personalidad Paranoide.

Tendencia a atribuir motivaciones malintencionadas en las acciones de los demás y percibirse como “víctimas” de constantes injusticias, por lo que pueden actuar con el objetivo constante de reivindicarse o reparar el daño percibido. Desconfiados y suspicaces, dudan de la lealtad de otros. Pueden llegar (no siempre) a ser intolerantes, rencorosos,  irritables, iracundos y hasta hostiles.

  • Personalidad Esquizoide.

Solitarios y con tendencia a ser distantes con las relaciones sociales, pero cercanos con su núcleo familiar. Responden en términos intelectuales a cosas a las que, la mayoría de las personas, responden emocionalmente ya sea con tristeza, ansiedad, etc. No les interesa mucho mantener cercanía con otras personas porque no las disfrutan o no les importa realmente. Poco expresivos, indiferentes a la crítica y con escaso interés sexual. Son las personas mal llamadas “antisociales” que, como veremos más adelante, tienen otro tipo de característica.

  • Personalidad Esquizotípica.

Extravagantes en su comportamiento, pensamiento, lenguaje, afecto y aspecto (arreglo), lo que afecta de manera importante las relaciones sociales, ya sea  porque las personas los evitan o porque ellos mismos  deciden hacerse a un lado porque reconocen que “no encajan” con la mayoría. Tienden a un pensamiento mágico y místico que además podría en ocasiones influir y distorsionar la forma en que ven la realidad, lo que se traduce en la descripción de haber vivido experiencias perceptivas inusuales. Son vistos por los demás como personas «singulares» y «raras».

  1. Los dramáticos, emocionales y erráticos
  • Personalidad Límite.

Emociones muy  “cambiantes” e inestables, al igual que sus relaciones interpersonales. Tienen la tendencia a que su autoestima sea dependiente y su autoimagen está frecuentemente afectada. Pueden sentirse incomprendidos, vacíos, con temor –real o imaginario- al abandono; así como suponer que cosas que ocurren a su alrededor, se relacionan con ellos (pensamiento referencial). Impulsivos, pudiendo llegar a actuar con agresividad hacia otros y hacia sí mismos; son frecuentes las conductas compulsivas de índole sexual, alimenticia y de consumo de sustancias.

  • Personalidad Antisocial.

Presentan un comportamiento inadaptado y carente de empatía; llevado a cabo con desprecio y violación de los derechos de los otros, con el objetivo de imponer los propios. Las acciones cometidas, no generan remordimiento alguno. También suelen ser impulsivos, agresivos e imprudentes.

  • Personalidad Histriónica.

Amantes de ser el centro de atención, suelen ser personas vanidosas, muy preocupadas por su atractivo físico, excitables, emotivas, seductoras, dramáticas y extrovertidas. Les es difícil mantener vínculos profundos y duraderos. Su comportamiento es “pintoresco” y suele ir acompañado por un aspecto físico llamativo.  Sugestionables y con ausencia de matices a la hora de expresar sus emociones.

  • Personalidad Narcisista.

Poseedores de ideas y comportamientos de suma grandiosidad, tienen la sensación de ser y hacer todo perfectamente bien, por lo que exigen en respuesta admiración por parte del resto de las personas que no están a su nivel. Suelen ser arrogantes y devaluadores hacia los demás,  faltos de empatía, con fantasías de éxito especial y único, lo que presumen.  A juicio personal,  perfecto proceder  genera  “envidia” en el resto de las personas. 

  1. Los ansiosos y temerosos
  • Personalidad Obsesivo-Compulsiva.

Diferente al Trastorno Obsesivo-Compulsivo, son personas muy preocupadas por el orden, la homogeneidad y la simetría. Suelen ser  detallistas, perfeccionistas y poseedores de un pensamiento y comportamiento rígido, estructurado e inflexible. Excesivamente dedicados y obstinados, pueden incurrir en la acumulación de objetos innecesarios y la necesidad de comprobar y volver a comprobar lo que hacen. Controladores y reacios  a delegar porque las cosas “jamás van a estar bien hechas” si no las hacen ellos mismos. En búsqueda constante de la perfección,  la que –obviamente-  nunca encuentran.

  • Personalidad Evitativa.

Personas usualmente tímidas que, como bien lo describe su nombre,  evitan relacionarse con los demás, aunque sí lo deseen,  por ser muy sensibles al rechazo y temerosos de las críticas. Se esfuerzan por agradar y caer bien, esfuerzo que puede llegar a ser muy evidente.

  • Personalidad por Dependencia.

Altamente sugestionables, sumisos y “necesitados” de los demás, pueden parecer incapaces de estar solos y mostrar mucho temor de separarse de los demás. Tienen dificultad para iniciar proyectos o tomar decisiones propias, por lo que buscan la aprobación u opinión constante de otras personas, llegando en ocasiones, a delegarles a estos la responsabilidad de la toma de decisiones importantes de su vida.

Es probable que en este punto, hayamos detectado en cuál de estos tipos de personalidad encajamos o encajan personas a las que conocemos. También podríamos reconocer características de dos o más tipos diferentes. Esto es porque, como describí antes,  todos los seres humanos tenemos rasgos de personalidad. Entonces ¿cuándo los rasgos de personalidad se transforman en un trastorno?  

¿Qué es un Trastorno de Personalidad?

Se establece que los rasgos de la personalidad son lo suficientemente disfuncionales como para englobarlos dentro del concepto de “trastorno”, cuando ese patrón de respuesta tiende a ser persistente y diferente de lo social/culturalmente esperado, por lo que el individuo se ve expuesto a constantes conflictos interpersonales, que impactan su desempeño general a nivel familiar, escolar, laboral y social. 

Si pudiésemos resumir en varios puntos las particularidades de los trastornos de personalidad, tendríamos la presencia de:

  • Comportamientos carentes de armonía que afectan las emociones, la forma en que se expresan las mismas, la percepción hacia uno mismo y el entorno,  el comportamiento (control de impulsos) y la forma en que nos relacionamos con los demás.
  • Todo lo previamente descrito es duradero o persistente en el tiempo y no episódico.  
  • El patrón cognitivo-afectivo-comportamental de personalidad no contribuye a la adaptación del individuo en su entorno. Por el contrario, la persona se relaciona con su entorno de una manera rígida, inhibiendo la elaboración de otras estrategias de afrontamiento que le permitan adaptarse mejor.
  • El patrón de personalidad genera malestar personal y hasta sufrimiento emocional.
  • El trastorno por lo general (aunque no siempre) está acompañado por deterioro significativo del rendimiento y desempeño, por ejemplo, podemos notar incapacidad para mantener una relación de pareja, un trabajo y vida social. 
  • La persona no suele estar consciente de la incomodidad que genera o el impacto negativo que tiene en otros, la forma en que afronta una situación o problema determinado. Es esa persona que tiene problemas con “Raimundo y todo el mundo” pero piensa que el problema principal radica en el mundo y no en ellos.
  • Las manifestaciones descritas suelen aparecer durante la adolescencia o inicio de la etapa  adulta. 

Se estima que entre el 10-13% de la población general tiene un trastorno de personalidad.

¿Qué debo hacer?

Las ideas, emociones e impulsos negativos, pueden afectarnos de muchas formas. Antes que nada, es importante tener claras las motivaciones que nos inviten a querer cambiar. Algunas de estas pueden ser el sufrimiento emocional percibido, la dificultad para resolver situaciones cotidianas, problemas con la pareja, entre otras. Entonces, se debe empezar por entender el origen de aquellas reacciones negativas, para poder modificar la reacción ante ese hecho específico o ante hechos similares a través del aprendizaje  de  patrones de respuesta más estables y adaptativos.

Un buen inicio es el manejo de la atención. Se preguntarán ¿eso qué tiene que ver? Por lo general, cuando experimentamos una emoción negativa, volcamos la atención hacia ideas o pensamientos que mantienen latente dicha emoción, una especie de «feedback negativo» que hace que el malestar crezca y, en consecuencia, el conflicto. Por el contrario, si nos aislamos por un periodo prudente de tiempo (5 a 30 minutos) o desplazamos nuestra atención hacia otra cosa o idea positiva, podremos actuar de manera más calmada, una vez la idea y emoción negativa se hayan disipado. Alternativas al aislamiento temporal  son salir a caminar, trotar o realizar otra actividad física, darse un baño con agua tibia, escuchar la música que te agrade, etc. 

En segundo lugar, las situaciones difíciles o de conflicto, ponen a prueba nuestra autoestima. El trabajo de la autoestima es fomentar las ideas positivas con respecto a uno mismo, así como desvanecer los procesos autodestructivos que pudimos haber heredado o adquirido durante nuestro desarrollo. Cuando una persona no se siente amenazada por alguna circunstancia, no desarrollará reacciones negativas. Sin embargo, si de alguna forma percibimos como amenaza a aquello a lo que nos estamos enfrentando, de esa manera vamos a reaccionar. Las respuestas negativas surgen dependiendo de qué tan capaces o incapaces nos sentimos para afrontar una situación que nos resulta desagradable.

Por último, en el caso de reconocer un patrón de respuesta disfuncional sugerente de un trastorno de personalidad, es importante considerar la evaluación formal por parte de un profesional de la salud mental.

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